En Estados Unidos dicen que aquí reina la pax mafiosa
Para Carmen Strobl y Fernando Lozano en este dificilísimo momento. En su reporte anual de Perspectiva de México, la Universidad Rice hace un diagnóstico de ...

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Para Carmen Strobl y Fernando Lozano
en este dificilísimo momento.
En su reporte anual de Perspectiva de México, la Universidad Rice hace un diagnóstico de la situación en nuestro país y nos orilla a pensar que nuestro destino será negro.
El informe estima que la corrupción y el crimen son asuntos de “alta preocupación”. Los expertos estadunidenses consideran que frente al crimen hay “una estrategia pasiva” en la que, las llamadas reuniones de seguridad todos los días a las seis de la mañana en Palacio Nacional, sirven para calcular y aceitar cómo las fuerzas del orden sólo deben repeler los ataques de los criminales sin necesariamente perseguirlos o provocarles respuestas mortales.
De facto, el informe de Rice University, indica sobre un posible acuerdo gubernamental de no intervenir ante las actividades del crimen y asevera que las organizaciones criminales pueden “convertirse en aliados definitivos de Morena en las elecciones de junio”. ¿Qué tanto podemos creerles? Quizás con los propios datos del gobierno federal tengamos una respuesta. Veamos lo que indican solamente en el estado de Guerrero. Ahí se asientan la Familia Michoacana, Los Tlacos, el Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Rojos, Guerreros Unidos, el Cártel Independiente, el Correcaminos, Los Rusos, los Beltrán Leyva, Los Capuchinos, el Cártel de la Sierra, el Cártel del Sur, los Caballeros Templarios, Los Dumbo, Los Gil, Los Marín, Los Virus y Los Arreola.
Esto ocurre en Guerrero, ¿y qué pasa en las otras 30 entidades del país? La lista de células criminales fácilmente supera las cien unidades de las que se saben los nombres y apodos de sus cabecillas, incluso donde se ubican sus áreas de influencia. A esto, el informe de Rice, le llama una Pax mafiosa, es decir, un acuerdo generalizado de no interferir frente a las actividades criminales.
A este paso, pronto llegarán a nuestros domicilios a exigirnos un derecho de vida, nos cobrarán una cuota por vivir, por tener un departamento o una casa, por nuestra vestimenta, por nuestro auto, prácticamente por existir. ¿Es ese nuestro futuro? Por lo pronto, ese perfil es el que día a día se deja ver en Taxco, Iguala, Chilpancingo, Acapulco y en los demás municipios y rancherías de Guerrero donde los padres arman a sus niños para defenderse con rifles y machetes. Saben que pagan por todo.
A manera de muestra, tenemos que no son pocas las reuniones civiles que se dirigen a los jefes de esas bandas pidiendo les disminuyan las cuotas, les permitan buscar sus cadáveres y le imploran compasión para continuar con sus vidas. ¿Cómo se ha llegado a esto que se asemeja a un narco Estado, donde, quien determina el hilo conductor de la sociedad son los criminales? De hecho, nos encontramos que la supuesta estrategia de buscar las causas del vertiginoso crecimiento de las bandas está muy lejos de lo que es el contraste determinante entre riqueza y pobreza; educación de alta calidad para minorías contra ausencia de escuelas; comida y bebida sofisticada de unos cuantos, contra tortillas, chile y frijoles. Y la lista podría continuar.
En Los Arcanienses, de Aristófanes, nos dice que se puede alabar al pueblo con promesas en alimentos, casa y seguridad, aunque el orador sepa que eso no sucederá. Eso lo vemos ahora retratado cotidianamente en el país.
Cerca de 180 mil cadáveres, en cinco años nos muestran el resultado de una estrategia cómoda para la delincuencia y sacrificada para la población que carece de protección. Mientras tanto, crece, se multiplica y engorda la pax mafiosa.