“El mejor sistema de salud del mundo”

Todos afirman lo mismo, están rebasados.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Después de diez meses de remisión, regresé al Instituto Nacional de Cancerología (INCan), la ficha que me dieron en agosto del año pasado me cayó como un tiempo sabático en el que pude emprender y terminar un libro: Cáncer, un reto que puedes ganar. Ahí volqué mis experiencias como paciente de la enfermedad más investigada en el mundo, en esas páginas otorgo mi agradecimiento a la infatigable, efectiva y amable tarea de los médicos, investigadores, enfermeras, estudiantes y personal de limpieza que laboran en esta institución, así como lo sustantivo para enfrentar el cáncer: la actitud y determinación.

Regresé a que me practicaran una colonoscopía de reconocimiento. El segundo piso de la torre Avon estaba lleno a reventar. La sala de admisión que alberga 30 asientos daba cuenta de al menos tres veces su capacidad. Hubo que esperar un poco más de dos horas. Ya adentro, en la sala donde nos canalizan, lo mismo a hombres que mujeres, al menos éramos 12. Si a mí me incomoda ponerme una bata que al caminar se nos vean las nalgas, eso debe molestar severamente a las mujeres.

Como suele pasar, el estudio se realizó sin contratiempos, salvo por un detalle, los técnicos que lo practican lo hacen con mayor rapidez para atender una demanda numerosísima. A veces son bruscos. Lo entiendo. Finalizado el proceso, me dicen que enviarán a patología la biopsia y eso puede llevar dos meses. ¡Dos meses en una enfermedad que puede propagarse con rapidez es demasiado tiempo! Acudo a ver a un doctor, a otro para acelerar los resultados. Todos afirman lo mismo, están rebasados y no pueden contratar ayuda. Nada, no es posible.

Mi buena estrella permite que conozca lo que llevo dentro: padezco un adenocarcinoma, cáncer recurrente. ¿Qué sigue? En medio de una multitud, y no dudo en emplear esa descripción, sé que a continuación tendré que pasar por una resonancia magnética y otra tomografía. ¿Cuándo podrán realizármelas y con ello ver si requiero cirugía? No lo sé. Lo cierto es que estoy en buenas manos, expertas y de probada eficiencia. Pero entorpecidas por la disminución presupuestal. De ahí la falta de insumos de todo tipo: personal, medicinas, mantenimiento de equipo, adquisición de partes, rebajamiento en lo esencial, desde papel higiénico en los sanitarios, hasta renovación de los alineadores de partículas en las cámaras especializadas; es decir, de todo.

¿A dónde se fue el presupuesto de suyo insuficiente desde hace lustros? Los expertos dicen que está enterrado en los cenotes yucatecos que sostienen las columnas del Tren Maya. Otros afirman ese presupuesto se encuentra tratando de refinar petróleo en Dos Bocas o en el techo del aeropuerto que se llamaba Santa Lucía y hoy tiene el nombre de AIFA. No importa donde esté o en qué bolsillos anide. Lo cierto es que eso constituye una roca que entorpece las labores en el INCan, y también en Nutrición, Cardiología, Gea González, INER, Neurología y todos los institutos que componen el sistema de salud mexicano.

¿Sabe esto el nuevo secretario de Salud, David Kershenobich?

Seguramente no, pues, él no ve ningún problema en salud, vamos, ni siquiera en ciencias médicas y el de Nutrición, Salvador Zubirán, donde ha pasado la mitad de su vida, ya que él se refugia en lo dicho por el Presidente de la República recientemente: “Hemos hecho un gran esfuerzo y muchos sacrificios para entregar uno de los mejores sistemas de salud del mundo”.

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