El inmenso rezago educativo
Una educación integral no es prioridad de las autoridades.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
En agosto de 2007, Nicolás Sarkozy, entonces presidente de Francia, nombró a Jacques Attali como presidente de la Comisión para la Liberación y el Crecimiento. “En su reporte definitivo, deseo ver en textos precisos las acciones concretas y lo más rápido posible, para aumentar el crecimiento y desarrollo que nos lleve a la grandeza de nuestro país”, pidió Sarkozy.
Durante seis meses, 42 personalidades, de todas las disciplinas y cientos de profesionales, examinaron las experiencias extranjeras y su diagnóstico fue claro: “En esta etapa de la historia, Francia está retrasada y la prosperidad de sus habitantes actuales y sobre todo en el futuro está en juego”. El reporte final afirmó que, si se instrumentan rápido las propuestas, los hijos de hoy vivirán tan bien o mejor que sus padres.
20 fueron las claves para efectuar un cambio acelerado. Las primeras siete incluyen la mejoría en la formación de los educadores, reforzar el trabajo en grupo, perfeccionar el inglés, la informática y la capacidad de ahondar en las matemáticas. En todas las 20 conclusiones, lo mismo se trate de la agronomía, ecología, comercio, las empresas, la medicina, el financiamiento, el turismo, la justicia, o la inclusión en nanotecnología y el cambio climático, la educación, la investigación, la ciencia y el arte, desde la preescolar hasta el doctorado forman la primera prioridad que debe alcanzarse.
La Comisión formuló en total 300 decisiones y en 283, se hace alusión de forma indirecta o frontalmente a la idea de hacer descansar el progreso y el crecimiento en el vasto mundo de la educación. Todas tienen como común denominador la innovación y el cambio.
42 mujeres y hombres, con pensamientos diversos y hasta encontrados, provenientes de todos los horizontes y de países diferentes, reunieron sus talentos para tratar de enriquecer a una Francia dispuesta a incorporar sus ideas para lograr mayor libertad, justicia y crecimiento.
Nadie ninguneó etnia alguna, razonamientos opuestos o grados adquiridos en sus diversas escuelas. Sus reuniones quedaron registradas en la Documentación Francesa y se guardan en la Biblioteca Nacional.
Inadmisible hubiera sido que una prueba tan acreditada como la que formula PISA, hija de la emblemática OCDE, fuese menospreciada, ya que es formulada sin ideología alguna y sólo compuesta por los datos duros de 87 países diferentes.
El hecho de que niños y jóvenes mexicanos muestren bajas tan considerables en sus capacidades de lecturas, ciencias y matemáticas, debiera de ocuparnos seriamente, y durante lustros corregir lo que se enseña a nuestros niños y jóvenes sin pensar en adoctrinarlos ni en mantenerlos en la ignorancia ya que desconocen casi de todo, haciéndolos presa fácil de un mundo cada vez más competido.
Pareciera que esto lo ignoran las autoridades, cuyas prioridades están muy lejanas a una educación integral que es la forma de crear un mejor futuro para quienes hoy contemplan la migración o el bandolerismo como sus únicas “oportunidades”.