El arte de callarse

Puede haber un silencio prudente y un silencio artificial; un silencio complaciente y un silencio mordaz; un silencio de aprobación y un silencio de reproche.Escrito en 1771 como respuesta a El arte de hablar, el abad Dinouart nos deja un legado que hoy me parece ...

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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  • Puede haber un silencio prudente y un silencio artificial; un silencio complaciente y un silencio mordaz; un silencio de aprobación y un silencio de reproche.

Escrito en 1771 como respuesta a El arte de hablar, el abad Dinouart nos deja un legado que hoy me parece oportuno transcribir algunos párrafos:

1. El primer grado de la inteligencia es saber guardar silencio y moderar el discurso para hablar bien, ser creíble y fortalecer confianza a quienes han prestado sus oídos.

2. El sabio se caracteriza por sus silencios que al hablar al público, sirven como lección a los imprudentes que quieren elogiar al poderoso, y con ello dar una lección a los rastreros y estúpidos.

3. El silencio es un componente fundamental de la elocuencia. Ninguna gente pensante puede hablar por hablar sin perder la confianza de quienes lo escuchan.

4. No hay que abusar nunca de la palabra, eso molesta a quienes escuchan y quien abusa pierde confianza entre el prójimo.

5. Quien habla sin parar desconoce algo primordial que es la “ética del silencio”. El furor al hablar puede ser una enfermedad epidémica. Los ignorantes al igual que los filósofos, si no cuidan el silencio, pueden caer en una suerte de delirio.

6. El hipócrita, el libertino, el herético y quien blasfema se apodera de las palabras y al mismo tiempo que busca confundir a quienes le escuchan, al primero que confunde es así mismo.

7. El hombre que no respeta el silencio, es un hombre perdido, ya que se abre y muestra un interior arrogante que no merece ser escuchado salvo para quienes desean apoderarse de su alma.

8. No hay más grande señorío que ser uno mismo. La palabra debe expresar a un sujeto claro que se expresa con brevedad y profundidad. Para Baltasar Gracián es la regla suprema de la prudencia. Sin este atributo que debe ser cultivado desde la infancia, nos prestamos a la burla y la blasfemia.

9. Nada de excesos, uno debe ser soberano y al guardar silencio se puede pasar por ser un genio y evitar pasar al abundamiento de palabras que te pueden hacer pasar como un loco o un imbécil.

10.  El arte de callarse es un arte de la elocuencia del rostro y del cuerpo. Puede haber un silencio prudente y un silencio artificial; un silencio complaciente y un silencio mordaz; un silencio de aprobación y un silencio de reproche; un silencio de humor o de capricho.

11. Se puede aprobar con la palabra y desdecirse con el cuerpo. Se puede sonreír y expresar un silencio maligno. Las diferentes maneras de callarse expresan la variedad de temperamento y el espíritu de cada hombre.

12.  El silencio conviene a los altos dignatarios para mostrar un sentido de justicia, de buen espíritu que les permite evaluar la realidad que dirigen o gobiernan.

  • Información obtenida en L’art de se taire.

Éditions Jérôme Millon 1996.

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