Domingo esperanzador

Entre lo más representativo de nuestra forma de vida, todavía encontramos al Instituto Nacional Electoral (antes IFE).

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Para vivir juntos necesitamos principios compartidos y esto se logra con la figura del Estado-nación. No importa qué pensemos o qué ideología tengamos, lo cierto es que durante los últimos cuatro años hemos soportado irracionalidades que mucho han alterado esa idea que creíamos haber alcanzado.

¿Habrá sido por apatía, ignorancia colectiva o justificaciones ante la grave desigualdad social y económica? Lo cierto es que, con evidente conformismo social, hemos padecido la arrolladora destrucción de un sinnúmero de instituciones, cuyo recorrido va desde demoler un aeropuerto, donde la construcción ya era de 37%, a disminuir el presupuesto del sector salud en promedio 39%; presenciar la bajísima calidad de la educación, la falta de seguridad en lugares apartados o en ciudades importantes. Y observar que todos los índices de todo tipo de crímenes se multiplican frente a nuestros ojos sin que exista un policía, gendarme, guardia o soldado que nos defienda.

Eso y la lista infinita de solapamientos que hacen de nuestra vida un pantano sin esperanza de remediarse, ha sido producto desde hace decenios de nuestra indiferencia ante todo tipo de abusos económicos, sociales y de trastornos emotivos y psíquicos.

Entre lo más representativo de nuestra forma de vida, todavía encontramos al Instituto Nacional Electoral (antes IFE). En una de las más grandes paradojas, es ahora el blanco del oficialismo, que pretende reducirlo y manipularlo. Organismo que cuidó, permitió y avaló el triunfo de quienes hoy se empeñan en “destazarlo”.

Hemos llegado al punto en que el último valladar es la Suprema Corte de Justicia de la nación ¿Será cierto como se preguntaba Borges si la lógica es conciliable con la política? Quizás no hay hombres de Estado entre nosotros y sólo son pequeños personajes, actores que no crecen ni logran salir de sus papeles secundarios.

El análisis más lineal, lo mismo que el más profundo, nos habla y nos grita que actualmente vivimos en los suburbios de la inteligencia. ¿Cuándo se rompió la cadena de responsabilidades en el país, qué incubó y potencializó la indiferencia? ¿Hay acaso señores ministros de la Corte, la oportunidad de volver a vernos como seres dignos y no como ahora lo hacen la mayoría de los diputados que buscan heredarnos un régimen despótico?

Una dictadura no es Fidel Castro a la cabeza del país, es un Che Guevara en cada estado, un Daniel Ortega en cada municipio o un Putin en cada familia.

Me repito, ha sido la apatía, el conformismo lo que nos ha traído a un punto de inflexión. Es aquí donde luchan los creadores de un mito y los liberales deseosos de hacer respetar nuestras libertades e instituciones. El liberalismo fue en su origen, una idea de izquierda con un formato progresista como lo hicieron Adam Smith y David Hume en Inglaterra y Montesquieu en Francia. Ahora un remedo de esa ideología, trata de dañar y restringir lo más valioso de nuestra existencia: las libertades.

Existen en nuestro país inmensos recursos de espontaneidad, de sabiduría y también de hartazgo. ¿Mañana domingo estaremos presenciando la búsqueda esperanzadora de ver luz en la obscuridad?

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