Degradados por la ineptitud y la ignorancia
Los militares no necesitan más reconocimiento

Raúl Cremoux
Otros ángulos
El martes, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos rebajó la calificación de México a la categoría 2 por no cumplir con los estándares de seguridad de la Organización de Aviación Civil Internacional.
Los pilotos mexicanos admiten que no han pasado exámenes médicos en más de año y medio. Se ha detectado que 28 observaciones, como falta de inspectores calificados, supervisores y controladores de vuelo dejan mucho que desear debido a que argumentan austeridad, no contratan personal calificado ni se sigue la capacitación de seguridad. Si agregamos el novedoso plan del espacio aéreo para incluir a Santa Lucía, la desgracia nos acecha, durante los vuelos y lo que nos caiga del cielo.
Pero esto no es un hecho aislado, veamos algunas demostraciones:
—Desde cuando menos dos lustros, nuestros educandos, evaluados por las pruebas Pisa, ocupan los últimos lugares entre los 34 países de la OCDE. No saben lo elemental en matemáticas y carecen de comprensión de lo que leen. Por otra parte, la investigación científica da pena, pues se le ha sometido a ajustes económicos que lesionan los programas insignes y dejan a los becarios incapaces de continuar sus estudios e investigaciones.
—Bien, lo padecemos, la economía camina rengueando entre cifras, que ningún economista incondicional a la 4T ha podido desmentir: tenemos más de dos millones de desempleados, cerca de 8 millones adicionales consideradas en el último decil, es decir, claramente pobres e incapaces de pagar impuestos, que se agregan a los más de 45 millones que ya existían.
—Los militares no necesitan más reconocimiento en sus haberes y han sido trasladados a labores en las calles, que nunca abandonarán, para jamás regresar a sus cuarteles.
—El sistema sanitario que se prometió sería igual al de Canadá o Dinamarca. Esto despertó carcajadas en el parlamento danés y muertes entre quienes ya tenían padecimientos severos. La pandemia que cayó como anillo al dedo llevó a millones a la fosa y sus dolientes pasaron de ser ignorados a culpables de no saber cuidarse al seguir la orientación presidencial de abrazarse y besarse.
—Un aeropuerto con proyecto galardonado que en estas fechas debió ser inaugurado, debido a la acusación nunca probada de ser nido de corrupción, es ahora un retorcido panteón de fierros viejos para, en su lugar, crear un aeródromo segundón carente de conductividad aérea y terrestre cuando llegue a ser terminado. Las aerolíneas internacionales ya han dictaminado irreversiblemente la inconveniencia de utilizarlo.
—Eliminada la Policía Federal, que había demostrado eficacia en el combate contra la delincuencia organizada, hoy los asesinos se han adueñado de buena parte del país y, además, inciden sin rubor y a la luz del día en las elecciones, sacrificando a 83 candidatos y sometiendo a sus intereses a los que continúan buscando el voto. Gozan de una dispensa ilustrativa: abrazar a los matones. Esto resuena entre los deudos de los miles de muertos, secuestrados y mutilados.
—Auspiciar que el ministro Zaldívar prolongue dos años su mandato como titular de la Corte es un resplandeciente globo sonda.
—Tratar de revivir a ese cadáver llamado Pemex puede costarle al país un endeudamiento colosal que nuestros bisnietos estarán maldiciendo el tiempo en que lo hemos permitido. Comprar una vieja refinería en Texas, con las reglas norteamericanas en el 10% de lo que costará la de Dos Bocas, es la más sólida demostración de llevar al país al siglo pasado y esperar, además, el aplauso de la ignorancia, hermana de la ineptitud y de su madre, la corrupción.