Defunciones sospechosas

La República Mexicana queda por encima de los fallecimientos de los equipos de salud de Estados Unidos (con tres veces más población), de Reino Unido de Gran Bretaña, Brasil, Rusia, India, Sudáfrica, Italia, Perú y España

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Gracias al canal del Congreso pudimos ver a una disminuida, vacilante y triste figura encarnada en el secretario de Salud de nombre Jorge Alcocer Varela. La presentación de resultados ante los diputados sobre la pandemia de Covid 19 difícilmente puede ser entendida si carecemos de la virtud de la compasión y agregamos una tonelada de forzada empatía.

Los datos, siempre los datos presentados, ofrecen una distancia considerable con la realidad. Después de 19 meses, nos dijo que la pandemia está bajo control y para ello habla de muertos, “cada vez menos”, como si se tratara de neumáticos o botellas de vino. En ningún momento se percibe que habla de seres humanos, cada uno con su historia y cada uno con su cauda de familiares, amigos y destinos truncados.

El funcionario utiliza la palabra de forma pragmática, no construye una narrativa que requiera de la adhesión de los demás. Su palabra no convence, suena hueca, y más cuando trata superficialmente los fallecimientos. Tomemos como ejemplo, los del cuerpo de salud. Como si de antemano supiéramos que su sacrificio era inevitable.

Contrariamente a lo que dice el secretario, Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional, señala que las cifras de fallecimientos probablemente son muy inferiores a las reales, ya que no toman en cuenta a las personas que mueren en sus casas sin haberles hecho la prueba ni haber sido diagnosticados con Covid 19 y sólo fueron catalogados como defunciones sospechosas. Es decir, sólo se contabilizan oficialmente a las muertes por Covid 19 a quienes fueron confirmados con pruebas de laboratorio. A ello habría que agregar que los certificados de defunción generalmente fueron y siguen llenándose con un causal de muerte que bien puede ser influenza o problemas pulmonares.

Más allá de lo que dice el secretario de Salud federal, la prestigiosa revista británica The Lancet indica que sólo en el renglón de fallecimientos entre médicos, enfermeras, camilleros y encargados de limpieza, nuestro país se encumbra en el nada honroso primer lugar con mil 320 personas que carecieron del debido equipo sanitario y de un adecuado protocolo de protección.

México queda así por encima de los fallecimientos de equipo de salud de Estados Unidos (con tres veces más población), de Reino Unido, Brasil, Rusia, India, Sudáfrica, Italia, Perú y España. Estos datos hablan de 97 mil 632 trabajadores de salud que contrajeron el virus y donde se hace hincapié en que el personal de limpieza ha sido el más vulnerable. No se olvide las numerosas ocasiones en que médicos y enfermeras salieron a manifestarse portando mantas en donde pedían insumos adecuados. Cuántos tuvieron que comprar sus guantes, cubrebocas, batas e, incluso, medicamentos para poder atender a enfermos.

A este panorama los especialistas añaden que los tratamientos ante enfermedades crónicas fueron interrumpidos al convertir a diversos hospitales como Nutrición, Cancerología o Cardiología en “hospitales Covid”. Y si esto pasó con personal de salud, es mucho mayor el número de fallecimientos entre la población en general.

A los más de 300 mil reconocidos como oficiales, el modelo Centinela calcula que la epidemia es ocho veces mayor que lo reportado.

No hay nada de lo que las autoridades de Salud puedan sentirse satisfechas. ¿Qué hacer ante la necesidad de tomar decisiones a fin de salvaguardar la existencia colectiva?

Ser un buen zapatero remendón no es garantía para saber gobernar: para ello hay que saber pensar, discernir y obrar rectamente con eficiencia y humildad.

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