¿De veras vivimos en una República?

¿Cómo se llama esto que vivimos?

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Todo lo de hoy concierne a una persona. Salud y vacunas, créditos para vivienda, pésimas relaciones con Perú o con Estados Unidos, amenazas e inseguridad para periodistas, estructura del INE, la peor economía en seis sexenios, cabotaje de aerolíneas, plan B, exploración del litio, feminicidios, educación deficiente, ministra con aspiraciones, pero con tesis plagiada. Como si fuera un gigantesco embudo, la totalidad nace y revolotea en una permanente emisión televisiva tan de mañana como excesiva: diariamente.

Desde Platón a Bertrand Russell, muchísimos autores han escrito sobre la República y, aunque divergentes, todos coinciden en que es la abolición de un poder monárquico y personal. Se llegó incluso a pensar que debiera ser colegiada para evitar que se identificara con un individuo. No pocos autores como Cicerón consideraron que confiar el Poder Ejecutivo a un solo hombre era traicionar la idea de República. Lo cierto es que en ese nombre conviven los valores del civismo y el principio de igualdad, a la cual los ciudadanos deben aportar su contribución personal activa. En resumen, la República es una construcción colectiva.

¿Es así como nosotros vivimos? La soberanía del pueblo se asienta en lo que era la Asamblea, hoy el Congreso. De ahí la idea de que tocar o invalidar la Asamblea constituye una falta gravísima, ya que es un poder autónomo. Tratar de tocarla o manipularla es condenar ese acto como una empresa dictatorial. Hasta fines del siglo XVII, la palabra designó una forma de gobierno considerada como justa, ya que estaba regida por las leyes.

¿Qué ocurre cuando la ley de leyes, la Constitución, es apachurrada, violada, puesta de lado para someterla a otra razón o un capricho? Simplemente no se puede concebir un Estado sin ley. Estos días, de opacidad y de tinieblas, de más y más asesinatos, cualquier cosa fuera de la ley es posible. Nada detiene los secuestros, las balaceras, los perdidos.

Hemos dado un giro de 180 grados. Nada detiene la ruindad y la malicia. Alguna vez, hace apenas unos años, a tumbos avanzábamos, creíamos que existía un futuro más promisorio, igualitario y alegre; nos ubicábamos entre las naciones republicanas, es decir, civilizadas y con una orientación histórica que nos marcaba una ruta. Hoy no hay ruta ni meta por alcanzar. ¿Cómo se llama esto que vivimos?

Hemos pasado de una concepción de “la cosa pública” al México de un solo hombre. De lo que él quiera, según como amanezca, puede ser rifar un avión o construir una línea aeronáutica. Premiar a un desertor o castigar a un senador porque no dio su voto para redondear una quimera.

Es un régimen de incertidumbre. Cicerón habla de una ley que se opondría a que alguien poseyera una cosa, a menos que supiera cómo utilizarla. ¿Se imaginan que esto se instituyera a partir del próximo año?

El país tendría otros gobernantes y los ciudadanos aprenderíamos a respirar de otro modo. Hoy tenemos una República sin republicanos. Y ante algo semejante, Madison señalaba al inicio de lo que más tarde sería el nacimiento de una nación: ¡Cuidado con una población poco ilustrada!

Preguntémonos qué diría sobre una población tantas veces manipulada.

Seguramente el México de hoy, inducido desde arriba, todas las mañanas, podría, en palabras de Lincoln, decir: No hay límites posibles a las exigencias de un pueblo que ha sido sometido por largos años. De ahí que sea tan fácil que todo continúe igual, en el sometimiento.

Temas: