De cáncer y… de Zaldívar
Todo puede ser inútil si no se hace cuando inmediatamente se detecta el cáncer

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Casi al inicio de este gobierno, vi sus fotos por primera vez. Un año más tarde llegaban al Zócalo para ponerse frente al balcón central de Palacio Nacional, también los vi en la rotonda que lleva a la puerta principal de la Secretaría de Salud. Algunas veces los alcancé a ver en las páginas interiores de algunos diarios y en dos ocasiones en un noticiero televisivo. Su tenacidad ha sido ejemplar.
Antier se pusieron en uno de los accesos del aeropuerto y los tuve de frente. Leí sus carteles y platiqué con ellos. Vi sus rostros maltrechos, agrios y desesperanzados. Son los padres de los sobrevivientes de niños enfermos de cáncer. La mayoría son personas sin recursos para llevar a sus hijos a hospitales privados y, los menos, ya han ido a Cancerología y a otras instituciones de salud. Salvo declaraciones de algunos funcionarios públicos, han obtenido nada.
Quienes hemos padecido de esa terrible enfermedad, sabemos que el tiempo de abordar el ataque es definitivo. Ya sea una intervención, las radiaciones en el Acelerador Lineal de Partículas, el proceso de quimioterapia, todo puede ser inútil si no se hace cuando inmediatamente se detecta el cáncer. Más tarde, todo puede ser inútil.
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¿Cuántos de los primeros niños afectados han muerto y cuántos de los pequeños que padecen la enfermedad se ven sin esperanza por carecer de medicinas y tratamientos? A nadie parece importarle. Son tantos los masacrados, innumerables los asesinatos y los muertos por la epidemia que los niños sin medicinas y sin la delicada atención se ven reducidos a promesas que nunca se cumplen.
Las medicinas deben ser solicitadas en el mundo, con un año o más de anticipación por los diferentes gobiernos a los laboratorios para evitar escasez, de otro modo se cae en el desabasto. Y eso ha ocurrido debido a la incompetencia y a la negligencia, pues el sistema de salud fue recortado en su presupuesto primario y muchos de sus doctores, enfermeras y técnicos corridos de la nómina, al amparo de una ciega guerra contra la supuesta corrupción que reinaba en el sector.
Los niños afectados por el cáncer y otras enfermedades no son la prioridad de un gobierno que destina tiempo a invertir en la obtención de votos, distraer la atención de la Línea 12, preparar rifas de aviones invisibles, y destinar montañas de dinero a Pemex, la CFE y obras inservibles como el Tren Maya, Dos Bocas y Santa Lucía.
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Caer en un problema de justicia, del tipo que sea, es ver malograda una etapa de vida, entrampada su energía vital y consumir los recursos económicos de los que se disponga. Es el Gólgota.
Pero, evidentemente, la solución no está en violentar la Constitución y, a toda costa, impulsar que el ministro presidente de la Suprema Corte prolongue dos años más sus tareas.
Limpiar el Poder Judicial es tarea de los propios jueces y no del Ejecutivo. La archicitada división de Poderes es justamente el pivote y la oportunidad de que eso ocurra sin tener que acusar a todos, salvo al señor Arturo Zaldívar, de corruptos. ¿Qué sentirán los otros miembros de la jurisprudencia al recibir un bofetón de ese tamaño?, ¿con qué cara verán esa consulta mañosa con preguntas de procedimiento que, de cumplir con ese globo sonda, se repetirá también para prolongar el sexenio presidencial?
Me quedo con el cliente del restaurante que solicitó “un desayuno a la Zaldívar”. ¿Cómo es eso?, preguntó el mesero, y el cliente respondió: “¡Sin huevos!”.