Crónica de un abuso en un hospital privado
Llegó mi cardiólogo y en su cara vi una enorme angustia, había leído un informe que me condenaba.Desde las 10 de la noche del sábado 27 de mayo pasado comenzaron los dolores. Se iniciaron en la cintura y se fueron extendiendo hacia arriba, pronto alcanzaron brazos, ...

Raúl Cremoux
Otros ángulos
- Llegó mi cardiólogo y en su cara vi una enorme angustia, había leído un informe que me condenaba.
Desde las 10 de la noche del sábado 27 de mayo pasado comenzaron los dolores. Se iniciaron en la cintura y se fueron extendiendo hacia arriba, pronto alcanzaron brazos, hombros y se hundieron en el pecho. Quería llamar a mi cardiólogo, pero lo consideré imprudente. Extenuado por el dolor alcancé a decirme que a las 7 am podría hacerlo, ya que los médicos suelen levantarse temprano para revisar a sus pacientes hospitalizados.
—¿Cuáles son tus síntomas?, preguntó.
—Un intenso dolor en el pecho, respondí.
—No estoy en la ciudad. Te sugiero vayas al hospital que te queda cerca, y hablaré con ellos para que te reciban.
—Hazlo cuanto antes, me dijo mi amigo y cardiólogo.
Al llegar a Urgencias me desnudaron y pusieron una bata al mismo tiempo que una enfermera me sometía a una batería de preguntas y tomaba mis signos vitales.
Me dijeron realizarían una tomografía para evaluar mi organismo; el dolor era tan grande y profundo que yo estaba seguro que eso sería un infarto. Pasé de un sitio a otro, estuve sin poderme mover 50 minutos dentro de un tubo y al salir, una doctora me dijo que hablara con mis familiares, pues tenía un desgarre en la aorta.
Así se los comunicó y les permitieron pasar para despedirse, ya que en cualquier movimiento podría romperse y saldrían como en torrente cuatro o cinco litros imparables de sangre. Fueron momentos dramáticos.
Llegó mi cardiólogo y en su cara vi una enorme angustia, había leído un informe que me condenaba. Me vio de frente y me dijo que me haría otra tomografía para desechar el informe que le presentaron. Me aseguró que me sacaría con bien.
Lentamente, muy lento pasaron esos minutos envuelto entre cables y vendas retorcido y dentro de un tubo estrecho.
Al salir de ese tormento, me dijo: “Estás bien, perfectamente, te voy a dar de alta para que te vayas a tu casa. No es ningún infarto ni tienes lesionada la aorta. Se equivocaron, uno tras otro cometieron errores. Ya te explicaré”, me dijo mi cardiólogo.
Me dijeron que tenía que salir de piso y no de Urgencias. Pasé seis horas en un corredor, porque no había cama en las habitaciones correspondientes. Más tarde me llevaron al piso, desde donde pude salir más tarde a las 8 de la mañana.
No fue fácil, había que firmar la tarjeta de crédito en donde la suma era de 194 mil 310 pesos. ¡No podía creerlo! Cuando pedí explicaciones, me entregaron un par de hojas en donde se veían dos tomografías hechas el domingo 28 de mayo y las dos a las dos horas con cuatro minutos. ¡Dos al mismo tiempo; simultáneas y con el mismo aparato! Una por 38 mil 052.46 pesos y la otra por 64 mil 768.27 pesos.
Los rubros de la cuenta comprendían desde haber entrado a Urgencias y un listado de perfil de química sanguínea, jeringas, toallas con alcohol, gasómetro arterial, pulsera, pruebas de compatibilidad, renta de cuarto de terapia intermedia, atención especializada, telemetría y ecocardiografía transtorácico.
Y todo esto omitió la cadena de errores con consecuencias de todo orden cometidos por la ineficacia del equipo del que se dice ser el mejor hospital de México.