Confinamiento, nuestro destino

No es una película de ciencia ficción, es estrictamente la realidad

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Leo que el doctor Anthony Fauci, la máxima autoridad estadunidense en epidemiología y asesor médico del señor Joe Biden, declaró a la CNN, que la pandemia está fuera de control. Y añadió: “debemos asumir que nos va a ir peor, estamos entre 100 mil y 200 mil infectados por día, incluso más arriba; eso nos hace tambalear, tienes casos, hospitalizaciones, muertes”. Fauci recomendó practicar las cosas simples, lavado de manos, cubrebocas y sobre todo aislarse.

Bueno, eso les pasa a los poderosos yanquis, ¿pero a nosotros cómo nos va y cómo nos irá? Ya vimos que “el abrácense, no pasa nada” y las estampitas del “detente enemigo” no funcionaron; ya vimos también que la cifra de 60 mil muertos, muy catastrófica, ha sido ampliamente superada. Y sigue creciendo. ¿Qué nos queda por hacer?

¡Ah, la vacuna!

Entre fanfarrias y fotos oficiales llegaron las primeras 3 mil. Unos días después llegaron 42 mil 900. Luego nada. Pero pensemos que ya ahora en enero, llegarán todos, absolutamente todos los días la misma cantidad sin fallar ningún día ni los de asueto: 42 mil 900 diarias.

Somos un conglomerado de 130 millones y cada uno de nosotros requiere una vacuna doble de la marca Pfizer; es decir, necesitamos 260 millones de vacunas para sentirnos seguros y así combatir la violencia de los sicarios asesinos, recuperar 10 millones de empleos, construir 140 universidades, un tren maya, un gran aeropuerto, una necesarísima refinería y atajar la corrupción. Cierto, para ello debemos estar sanos y contentos.

En consecuencia, necesitamos estar vacunados. Mffú, hagamos cuentas: 42 mil 900 vacunas por 365 días= 15 millones 658 mil al año. Pero como se necesitan dos vacunas por persona cada 21 días, en realidad estarían vacunados sólo 7 millones 829 mil al año.

En caso de suspender la totalidad de los nacimientos, faltarían por vacunar, 122 millones 171 mil mexicanos. ¿Cuántos años faltarían para vacunar a esa cantidad? Haga usted cuentas y encontrará que, utilizando la vacuna Pfizer al ritmo constante de que lleguen diariamente 42 mil 900, sin faltar jamás ni tener interrupciones, al menos serían seis lustros. Para entonces, todos los que hoy leemos y hacemos este periódico estaremos muertos junto con dos generaciones de nuestros descendientes.

Qué bueno que algunos se puedan vacunar, ya morirán de otras enfermedades o consecuencias diferentes. Mientras tanto, al resto lo que nos queda como alternativa es el aislamiento, confinarnos.

En los libros del mañana encontraremos puntualizaciones románticas como las siguientes: en mi tercer confinamiento la conocí cuando llevaba su ropa a la lavandería automática. Detrás de su cubrebocas, alcancé a imaginar su sonrisa o bien, en mi décimo tercer confinamiento salí unos minutos a la farmacia donde encontré a don Eufrasio Trouyet y ahí le hablé de mi proyecto para hilvanar hilos de colores. Quedó sorprendido con la idea. Quizás enciclopedistas internacionales hablen alguna vez de una raza de bronce que extinguió por no poder resistir la tentación de los palenques y las juergas colectivas.

La vida no sólo cambió, se transformó no para hacerse una cuarta sino una transformación total. Nadie, ni siquiera los bebés, los niños o los moribundos están libres de andar sin permiso en la calle o tratando de recoger margaritas en los prados lejanos. Nuestra vida se ha convertido en un rosario de confinamientos, bueno, si es que deseamos continuar con vida, aunque sea este tipo de vida.

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