Claudia y Yasmín, dos mujeres blindadas
Mentir es más cómodo y, sobre todo, más eficaz.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Debe tener decenios, quizá más, que el uso de la verdad ha sido puesto en el olvido. Nada nos garantiza que tratándose de asuntos públicos prive la verdad. Mentir es más cómodo y, sobre todo, más eficaz. Hemos perdido donde comienzan y donde terminan los límites de lo falso y lo verdadero.
La maestra Ikram Antaki, ya fallecida, escribió: “El sujeto ideal del reino totalitario es el hombre para el que la distinción entre la realidad y la ficción, entre lo verdadero y lo falso ya no existe”. Así, la jefa de Gobierno de la CDMX se encuentra en ilegal campaña que la haga notar en todo el territorio nacional como la aspirante a candidata presidencial de Morena. Pero ¿qué méritos tiene esa señora? Como delegada (hoy alcaldesa) en Tlalpan, fue pésima. Y esa misma visión la ha extendido a la chamba que le consiguió su patrón en toda la ciudad capital, que se distingue por su altísimo grado de inseguridad y violencia, por la acumulación de basura, las telarañas de toda suerte de cables; el infinito inventario de baches, topes, hoyancos y grietas, lo mismo en calles que en aceras, jardines desérticos y maltrechos, además del sinnúmero de vendedores ambulantes, la falta de agua en todo tipo de vecindarios, los decibeles con que se acribillan los sentidos, la altísima concentración de aires tóxicos y contaminantes y, dejó al final, el desdén y planificado abandono que tiene el más extendido y socorrido medio de transporte destinado a las clases más pobres, el Metro.
¿Cuántas veces se ha exhibido el nulo mantenimiento del Metro que llega al colmo de que los propios trabajadores tienen que llevar sus herramientas?
¿Y las inundaciones y cascadas en tiempos de lluvia;los reventones de llantas, el fuego en más de 30 estaciones, la falta de señalizaciones, las maltrechas escaleras, la tolerancia de vendedores, carteristas y pillos de siete suelas?
Por supuesto, las tragedias por derrumbes de columnas, hundimientos de vías y alcance de trenes reinan en la oscuridad de la impunidad. Muertos y heridos tiñen las vías férreas. Y “ésa es Claudia”, la favorita para titiritear la voluntad del Dios y señor que la guía.
¡Ah, Yasmín! Bajo su toga ministerial es una diosa. No importa que un grupo de expertos universitarios haya visto y comprobado que el nombre, tema, redacción, formato, estilo y conclusiones de su tesis sean sustancialmente los mismos de otra realizada y entregada un año y cuatro meses antes. No hay duda, la estudiante Yasmín robó, plagió y firmó como suyo un texto de otro estudiante. Ya está, es un hecho. Pero, gran pero, la UNAM no tiene manera de remediar el asunto, vamos, ni siquiera de sancionarlo. La invitación intrínseca a que el hecho se repita se ha extendido a los más de 200 mil estudiantes que pueblan la UNAM y de pasada a todas las otras instituciones de educación superior del país.
Las dos señoras ya han lanzado un reto: ¿Quién se atreve a mencionar la palabra dignidad frente a ellas? Más aún más, si el Concilio de Trento proclamó la infalibilidad del Papa, incluso en materia científica, ¿dónde está la institución, sea la UNAM o la Suprema Corte, que se atreva a dudar de los designios divinos del señor morenista?