Clara Brugada y el inolvidable Juanito
¿Llegará a ese puesto? No lo sabemos.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
No cabe duda que, detrás de una candidata en Iztapalapa, siempre hay un gran hombre, éste es el caso de Juanito. ¿Cuál Juanito?, ¿quién es? Bueno, seguramente Clara no lo ha olvidado… creemos, pues le debe mucho. Juanito no figuraba, salvo su cinta tricolor en la frente y su traje oscuro bien ajustadito que guardaba la personalidad secreta de Rafael Acosta Lagunes. Ésa era su personalidad secreta: un ciudadano de a pie.
En el lejano año de 2009, Clara participó en las elecciones del PRD en junio para ser candidata en Iztapalapa contra Silvia Fragoso. Claro, era tan grande su talento y sus simpatías que ganó como se esperaba. Clara se movía sin despeinar esa abundante cabellera, pero Silvia impugnó el proceso en el Tribunal Electoral debido a las muchas triquiñuelas de los compadrinos de Clara. Y al Tribunal no le quedó otra que anular la designación de Clara como candidata, pero, ¡oh, gran problema!, su nombre ya estaba en las boletas para votar.
Y aquí, en esta dificilísima situación para el PRD, Andrés Manuel López Obrador conoció a Juanito, quien era admirador del Partido del Trabajo. Sí, del trabajo. Con su conocido olfato político, la figura señera del PRD, dio su apoyo a Juanito alias Rafael o a Rafael alias Juanito (así lo llamaban en su casa y entre sus cuates) siempre y cuando ganaba, y para eso estaba el PRD, declinara en favor de Clara. Él hizo una especie de promesa mezclada con juramento.
Juanito, con un entusiasmo semejante a los descubridores mayas de la Luna, se puso a trabajar para ganar la elección y, desde luego, aceptó que Clara iría como directora jurídica. Juanito bailaba de contento —así lo hizo en tres mítines—, y dio a entender que mucho le gustaría mandar y ser importante. Bien impulsado por el PRD y todas sus maquinaciones, Juanito ganó esas elecciones y se consideró a sí mismo como el auténtico y verdadero ganador, pues en unos cuántos días ya sabía cómo mascaba la iguana. El vencedor era él y no quería declinar en favor de Clara. A él le gustaban los aplausos, las entrevistas en la tele y, bueno, tuvo que admitirlo, también el salario, los autos, las secretarias, el chofer y el seguro de gastos médicos mayores, para él y dos personas más. Siempre dijo que había ganado solo, sin ayuda de nadie.
A López Obrador no le gustaba nada esa conducta. Juanito dijo que los del PRD, le querían torcer el brazo hasta que, agotado, finalmente aceptó a regañadientes el 10 de diciembre de 2009, cuando propuso a Clara como su reemplazo para hacerla delegada (hoy ya son alcaldes) de Iztapalapa hasta hace unas semanas para lanzarse como candidata a jefa de Gobierno. ¿Llegará a ese puesto? No lo sabemos, el caso es que la ciudad capital está tapizada con sus anuncios que, en forma regular, dicen Clara, sin incluir su apellido y hasta abajo, como queriendo negarlo: Morena. Respetó esa fórmula y no abundó con su apellido.
Una de sus principales propuestas es quitar los exámenes de admisión a los candidatos a la educación media superior. Ahí está la falla, ganaría muchos más votos si incluyera esa salvedad desde el jardín de niños, para que la población llegara directamente a la universidad o al título sin ningún obstáculo. Ojalá corrija.