¿Brugada se habrá olvidado de Juanito?

Encontraron a alguien que, de ganar, cediera el puesto.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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Clara Brugada, la favorita de AMLO para ser considerada candidata oficial para competir por la Jefatura de Gobierno en la Ciudad de México y luego —¿por qué no?— llegar a la Presidencia de la República, está en ese umbral gracias a un hombrecillo que se distinguía por cantinflear y llevar un cintillo tricolor en la frente con el nombre de Juanito.

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Ese Juanito, como él mismo confesaba, venía de la más negra plebe de Iztapalapa y de muy buena gana se prestó a ser títere de López Obrador. En las supuestas elecciones internas del PRD, la ganadora fue Clara Brugada. De otra corriente (Nueva Izquierda), su contendiente fue una señora de nombre Silvia Fragoso, quien apeló al Tribunal Electoral del Poder Judicial, que anuló el supuesto triunfo de Clara Brugada y obligó a registrarla  como candidata.

Por esos días de 2009, López Obrador gozaba de poderío, aunque había perdido la presidencial del 2006; algún paladín de la democracia le presentó al militante del PT Rafael Acosta durante un mitin en el que se mostró  jubiloso por una maniobra que el mismo Churchill hubiera registrado como el summum democrático: dado que en las boletas electorales ya estaba impreso el nombre de Brugada y sólo faltaban unos cuantos días para la elección, había que encontrar a alguien que, como la plastilina, se prestara a ser  candidato y en el caso de ganar, ceder el puesto a Clara.

Debido a la fuerza de AMLO en el PRD, presionó al Tribunal para que aceptara a Juanito como candidato a la alcaldía de Iztapalapa y a Juanito le advirtió que “el pueblo de Iztapalapa lo elegiría”, pero él tendría que dejarle el puesto a la favorita, Brugada. Juanito dijo: Yes.

Vino la elección y Rafael Acosta, con su tiara tricolor en su morena frente, alzó sus brazos, tan alto como pudo al saberse triunfador. Él había ganado cobijado por el PRD, sobre todo por AMLO, pero ya no quería (¡qué caray!) entregar el trono a nadie. Varias veces le torcieron el brazo a Juanito y varias veces él se negó. Le gustaron las mieles del dinero y del poder.

AMLO se puso furioso. A Juanito le llovieron las mentadas y las amenazas. Marcelo Ebrard, entonces jefe de Gobierno de la CDMX, manda llamar a Juanito. Lo amedrenta, lo sobaja, lo llama “ser inferior” y le suelta una amenaza así de grandota. El 28 de noviembre de 2009, Juanito, cabizbajo, acongojado, presentó su renuncia al cargo de jefe delegacional en favor de Clara Brugada.

Rafael Acosta, ya sin la identidad triunfadora de Juanito, pero deseoso de volver a escuchar aplausos y gozar de auto con chofer, así como de numerosos ayudantes, en 2021 se presentó como candidato por la alcaldía de Iztapalapa. Despojado de la superpersonalidad y semicobijado por el partido Fuerza por México, sólo obtuvo 7 mil 752 votos, que significaron 1.13% del total.

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Marcelo Ebrard le había cumplido al jefe supremo haciendo realidad el sueño de Clarita, como solían llamarla, y Juanito ha vuelto a ser sólo el señor Rafael Acosta. En estas horas, AMLO difícilmente piensa en ese titerillo, pero, en el corazón de Clara Brugada, ¿se habrá olvidado del incomparable Juanito? No es fácil encontrar quien baile ese tango.

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