Ante la tercera ola carecemos de estrategia

El número de contagios nos devuelve a la pesadilla

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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Igual que hace más de año y medio, seguimos igual. No hay estrategia efectiva contra la tercera ola de la pandemia. Todos recordamos que el encargado de paliar y darnos elementos para protegernos del covid-19, Hugo López-Gattel nos dijo que era algo menor a la influenza, quizás como una gripita. Su jefe, confiado o ingenuo, le creyó y nos exhortó a besarnos y abrazarnos.

Después de tantas experiencias en el mundo, con literalmente miles de estudios, análisis, opiniones de expertos, hoy nos encontramos ante un futuro incierto… y peligroso. En Italia han tenido que sacrificar una de sus fuentes de ingresos más importantes y este verano se han restringido severamente ¡las visas de turismo!; Alemania busca atenuar todos los peligros que representa el regreso presencial a sus escuelas y universidades; Francia ya ha establecido —en medio de protestas—, un pase sanitario para poder entrar a restaurantes, iglesias, teatros, cines y actos que antes eran multitudinarios. Israel ya aplica la tercera vacuna a los mayores de 60 años; en Estados Unidos, el asesor sanitario de la Presidencia, Anthony Fauci, declaró que vendrán tiempos de sufrimiento y dolor debido a esa tercera ola de covid-19 con las mutaciones encabezadas por un látigo infernal bautizado como Delta.

El número de contagios nos devuelve a la pesadilla con noticias diarias que son como un dilatado y gigantesco erizo: “Alerta la OPS por la expansión del Delta en México”, “Exceso de mortalidad, fue de 326 mil 279 en 2020, dice el Inegi”, “Rebasa tercera ola los casos activos”, “Esta ola es más letal con los recién nacidos”, “Los jóvenes de 12 a 18 años deben vacunarse, pues están en serio peligro”, “El cuerpo médico, mal pagado, está exhausto ya que, otra vez, los hospitales están saturados”.

Las cifras, no importa de dónde provengan, la Secretaría de Salud, IMSS, UNAM, ISSSTE, institutos de salud, hospitales de provincia, clínicas y hospitales privados, están asustados por la rapidez de los contagios; en Finlandia, Israel, Japón, al igual que en el Edomex, Guerrero o la Ciudad de México, el promedio indica que el covid-19 inicial contagiaba a tres personas por infectado, hoy el Delta lo hace con nueve o con once.

¿Qué ocurrió en estos últimos meses en que los doblemente vacunados creíamos que, gracias al número de inoculados, íbamos en el rumbo correcto? Cierto, las vacunas —como todas— nunca llegan a brindar una protección absoluta, pero como ocurrió con la viruela, tosferina o la polio, los contagios bajaron tanto que prácticamente desaparecieron. ¿Por qué esto no ha ocurrido ahora? Son muchos y diversos los motivos, el covid-19 no sólo ataca los pulmones, crea trombos, afecta el sistema nervioso, produce males hepáticos, hunde a quien padece obesidad o diabetes y, por supuesto, se ceba muchísimo más con quien carece de la protección que dan las vacunas.

Cierto, algunos vacunados han vuelto a padecer el mal, pero no alcanza al 1% los que han requerido intubación o perecido. Quienes por voluntad propia o por dificultad insalvable no se han vacunado, han sido hasta ahora los más infectados. En México seguimos sin una estrategia ordenada, clara y orientadora; las fronteras y aeropuertos, sin resguardo sanitario; sin credibilidad en las autoridades y sin acceso económico a los medicamentos más efectivos. Bien sabemos de las carencias en el sector salud, que ha sido una y otra vez recortado en su presupuesto para personal, equipo, incluso de los insumos básicos.

Así enfrentamos la arrasante pandemia.

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