Anécdotas danesas, la superfarmacia (quinta parte)
Si lo que López Obrador quería decir sobre el innecesario desmantelamiento que realizó del sector salud, lo repondría hasta hacerlo parecer o mejor que el de Dinamarca, se equivocó rotundamente. En tanto ese país escandinavo cuenta con cerca de 6 millones de ...

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Si lo que López Obrador quería decir sobre el innecesario desmantelamiento que realizó del sector salud, lo repondría hasta hacerlo parecer o mejor que el de Dinamarca, se equivocó rotundamente.
En tanto ese país escandinavo cuenta con cerca de 6 millones de habitantes y México con más de 128, debió saber que esa diferencia ya marcaba ámbitos extraordinariamente distintos. Los daneses han configurado, junto con Suecia, Noruega y Finlandia, un rincón de prosperidad, desarrollo médico, social y también político del más alto nivel en el mundo.
La salud y la educación en Dinamarca son los bienes más valorados, incluso sobre la seguridad, el Ejército y la Marina, y eso que siempre han tenido la sombra de Rusia sobre sus cabezas.
Ayer me tocó ir al Instituto Nacional de Cancerología (Inca) a realizarme estudios preoperatorios. Era una consulta subsecuente para obtener un electrocardiograma en el segundo piso de la Torre Beltrán. Uno de los elevadores no servía y la fila para subir resultaba penosa para una persona en muletas y, otra, en silla de ruedas. A pesar de ser numerosos quienes queríamos utilizar el único ascensor, una corriente de solidaridad les brindó a ellos la oportunidad de subir primero.
Arriba, como siempre, la sala de espera estaba llena. Había alrededor de 80 o 90 los que se encontraban sentados junto a sus familiares y otros tantos de pie o agazapados y recargados en los muros. Con orden y calidez, las enfermas, poco a poco, iban llevando a los pacientes con el médico internistas quien determina el momento del electro.
En Dinamarca, esta cantidad de enfermos necesitados de un electrocardiograma es inimaginable; primero, porque hay clínicas y hospitales de primero y segundo nivel desde Thisted, en el norte, como en Aarhus, en el oeste, o en Ribe, en el sur. De primer nivel, los hay en Copenhague y en otras 13 ciudades. Cada individuo tiene asegurados todos sus derechos médicos completos. Esto significa cuidados sanitarios de la más alta calidad desde su nacimiento hasta el momento de fallecer.
En el reino de Dinamarca, la monarquía constitucional brinda una estabilidad política y social que no permite improvisaciones fuera de los programas aprobados por el parlamento. Jamás se anunciaría por nadie, ni la reina Margarita ni el primer ministro ni el ministro de Salud, la idea, sacada de la nada, de una megafarmacia con todas las medicinas del mundo como la anunciada para diciembre próximo aquí en México. Ni Groenlandia o las Islas Feroe tendrían una idea semejante a pesar de su aislamiento debido a que, literalmente, es imposible una farmacia con todos los fármacos del planeta.
La idea de una megafarmacia surge sin planeación, sin conocimiento de lo que son las sustancias básicas susceptibles de caducidad, sin la refrigeración adecuada, ajena al tipo de construcción especializada, la movilidad de los fármacos de renovación constante y, sobre todo, a lo innecesario e inútil de algo semejante.
La aspiración de tener un servicio universal de salud para todos y cada uno de los mexicanos ya caminaba a tropezones con las instituciones que, reforzadas, perfectibles, actualizadas se tenían desde hace dos sexenios.
No había que derribar nada, requerían mucho mayor presupuesto, abrir las oportunidades a jóvenes médicos y enfermeras; alentar los desarrollos científicos y de medicina alternativa con novedosos instrumentos técnicos, así los propios de una mejor nutrición preventiva y curativa.
Eso y más es lo que necesitamos en lugar de una “farmaciota”.