Anécdotas danesas (cuarta parte)

¿Qué es lo que ha fallado entre nosotros?

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

La vuelta de la bestia

La ficha es clara: consulta subsecuente de gastroenterología. Como suele ocurrir, la sala de espera está abarrotada. Las enfermeras y asistentes salen de los consultorios y en las manos llevan los nombres de quienes ya pueden atender.

Atrás de mí hay dos señoras, una de unos 60 años y otra de 80 que está en silla de ruedas. La primera le dice a la segunda “¿ya se enteró que López Obrador quiere poner una farmacia gigantesca con todas las medicinas del mundo?”.

Desde su silla réplica con voz firme: “¡Mmm!, primero que nos surta lo que nos hace falta y luego que cierre esa bocota parlanchina”. A su lado, un hombre con tenis sucios y chamarra raída les dice a las dos: “Las oí y nosotros en Apizaco ya no le creemos nada. Si vieran ustedes cómo está la clínica de lo que es el seguro social. Ni cabemos y cuando pedimos cita, nos la dan hasta noviembre”.

Saludo a doña Francisca que la he conocido precisamente ahí. Le pregunto ¿cómo se siente? Y con un gesto de hartazgo me responde: “Toy bien, gracias a mi hija y a estos doctores, pero la verdad es que me matan los viajes desde mi tierra…”. Interrumpo para preguntar, de dónde. Responde poniendo los ojos en el suelo: “De Colima” y añade, “no hay quién sepa de cáncer, sólo saben de partos y gripes”.

Allá en el fondo a la izquierda, recargado en el marco de una ventana, un hombre recoge su mochila y dice: “Aquí”, cuando escucha el que cree es su nombre. “No, soy Abel Venegas”, regresa a su lugar, pero ya hay alguien ocupándolo. Dice para sí mismo, pero muchos lo alcanzamos a oír: “Les falta un micrófono o algo para que oigamos bien”. “Y papel higiénico”, dice otra voz.

“¿Está usté formado para las citas?”, me preguntan. “No señor, sólo estoy recargado”, respondo. “Ta bien, voy a la ventanilla. Espero no me envíen a octubre…”.

Una joven en pants está con su celular, sonríe al colgar y ponerlo en su mochila. Se dirige a quien, supongo es su pareja, y sin ánimo de querer escuchar, alcanzo a oír lo que le dice: “Fui aprobada en el antígeno carcinoembrionario, a ver qué me dicen en la consulta preanestésica”. “Tranquila”, le dice el joven que la acompaña y la abraza cariñosamente.

Del ascensor sale un hombre flaquísimo y con el rostro desencajado. Los ojos los tiene hundidos y la mujer que lo acompaña, casi lo arrastra. En silencio buscan un asiento. No lo hay. De una fila de en medio, un hombre de barba negra se levanta y les hace un gesto con la mano para que se siente el recién llegado. Su mujer lo acompaña y le dice: “Dios lo bendiga”.

LA BESTIA HA REGRESADO

Imposible permanecer refugiado en el conformismo sin sentirse agraviado ante la imparable violencia física que nos envuelve. Cinco jóvenes obligados a matarse entre sí como si fueran gladiadores, nos hielan la sangre y es obligado preguntarse, ¿qué es lo que ha fallado entre nosotros?, cómo es que hemos rebasado cualquier límite?, ¿la corrupción, la injusticia, la abismal diferencia entre riqueza y pobreza? Detrás de la violencia se perfila la historia de un Estado poderoso, centralizado, de brazos tentaculares: Ejército, policía, escuela, justicia y manipulación.

Tenemos que encontrar la falla toral, mayúscula y radical que nunca debimos saltar. El umbral ha sido traspasado y hoy vivimos un país incapaz de contener y explicar la vuelta de la bestia.

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