Amenaza cumplida
La idea de la pluralidad como base sustentable de la democracia, es una noción extremadamente frágil y se pierde cuando las visiones diferentes se imponen.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
El próximo año, en Coahuila y el Estado de México, así como en 2024, ¿quién colocará los módulos de votación, quiénes capacitarán a los funcionarios de casilla, cómo se distribuirán los recursos a los partidos, con qué legitimidad se darán los resultados, quiénes los contarán, qué grado de confianza tendremos?
En el Gorgias de Platón, Calicles dice: “Ante un pueblo ignorante cuando aparezca un hombre de naturaleza fuerte y que se identifique con la plebe, acabará con las leyes, será el amo”. Hoy vivimos lo que dijo un pensador en el año 346 a.c. Más de dos mil años atrás.
La idea de la pluralidad como base sustentable de la democracia, es una noción extremadamente frágil y se pierde cuando las visiones diferentes ya no se tratan, no se negocian, sino que se imponen. Los hombres privados del mundo común, se achican, se encogen y las reglas del reconocimiento mutuo desaparecen. Y esa pérdida entre las diferentes visiones anticipa el totalitarismo. Sin pudor, incluso con exaltación, es lo que vivimos este fin de año.
La convivencia pacífica está sustentada en un equilibrio que siempre hay que procurar, incluso cuando en mente del poderoso se tiene un ideal dudoso. El rechazo a la regla común y en nuestro caso a la Constitución, prepara a traspasar umbrales que por extremos puede llevar al choque de voluntades. Eliminar las facultades que tiene el árbitro electoral para reducirlo a simple espectador, significa una amenaza cumplida, es atentar contra la noción del derecho natural que, con prolongados esfuerzos, hemos conseguido y anula el fundamento a la obediencia que se debe al Estado.
Si el respeto a la Constitución ya no funciona, la regla desaparece y se instala el derecho del más fuerte. Así, una norma jurídica desobedecida, es una proclama a que el poder brinque sus límites naturales y entre a terrenos desconocidos. El ofendido, en este caso, los millones de mexicanos que exigen se respete el bien general, se ven distanciados del respeto y la conciencia de un país equilibrado y armónico.
Las reestructuraciones que ha tenido el árbitro electoral, siempre habían venido a petición de las oposiciones, hoy que vienen por impulso del primer mandatario, debieran ser meticulosas, cuidadosas y amparadas en necesidades consensuadas. Repetir que nada ni nadie está por encima de la ley marca la razón de ser en una comunidad, si no se respeta esta regla de oro, el gobierno pierde legitimidad, pues da preeminencia a lo político y con ello prácticamente autoriza a la desobediencia generalizada.
¿Queremos eso? Evidentemente no, pero es la voz gubernamental quien tiene la palabra. Una poderosa alquimia se da entre el Estado de derecho y los humores de la opinión pública. Cualquier revisión que se haga de nuestros medios de difusión, vemos que el Estado ha renunciado a su función pedagógica sobre lo que es la armonía, el equilibrio y la paz social.
Ningún orden pasa sobre un discurso largo y mil veces repetido. El organismo electoral no es un apéndice gubernamental, es un ente ciudadano muy por encima de la obediencia a un solo hombre por importante que sea.
Nos revela que el pensamiento político se ha empobrecido, hay una pérdida conceptual grave y un trastorno en lo que podemos avizorar como futuro.