Poder, ley y justicia

La Suprema Corte de Justicia se dio a la noble tarea de reeditar la obra: Teoría General del Estado, del maestro Mario de la Cueva, que fue compilada por el doctor Francisco Berlín Valenzuela; resultado de los apuntes de clases que dictaba, el exrector de la UNAM y ...

La Suprema Corte de Justicia se dio a la noble tarea de reeditar la obra: Teoría General del Estado, del maestro Mario de la Cueva, que fue compilada por el doctor Francisco Berlín Valenzuela; resultado de los apuntes de clases que dictaba, el exrector de la UNAM y maestro Emérito de la misma.

En virtud de que quien escribe estas líneas fue invitado a comentar dicha obra, —a la par de los doctores en derecho, José Paoli Bolio y Eduardo Andrade Sánchez— tuve el agrado de volver a estudiar su contenido.

Al repaso de las teorías clásicas de muchos insignes pensadores, saltaron las ideas del filósofo político inglés, Thomas Hobbes, que son sugerentes para tratar de aplicarlas a los acontecimientos recientes acaecidos en la Ciudad de México.

Luego de tres días del plantón instalado por miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, en el Paseo de la Reforma, la policía capitalina decidió —por fin— replegar a los  manifestantes para reabrir la circulación de esa importante arteria.

Los maestros de la Sección 22 de Oaxaca, argumentaban su legítimo derecho a la protesta, toda vez que la Secretaría de Educación Pública, le suspendió el pago a varios miles de maestros, debido a su negativa de censarse para comprobar que, efectivamente, trabajan dando clases.

La verdad sea dicha, este tipo de movilización social ha dejado de ser un recurso político de demanda, del ejercicio legítimo de derecho de expresión, manifestación o de rechazo en contra de acciones del gobierno.

Los líderes de la CNTE proyectan y ejecutan sus acciones para generar conflictos y la mayor cantidad de molestias en la ciudadanía; presionando al gobierno para su atención y para que se les concedan todas sus pretensiones, por injustificadas que sean.

Este abuso del derecho legítimo de manifestación, ya creó un efecto inverso y contrario a los intereses de sus promotores. Sectores importantes de opinión han declarado que la defensa de sus derechos y prebendas sindicales no puede estar por encima del derecho humano de la niñez de recibir educación de calidad.

Millones de niños oaxaqueños se volvieron a quedar sin recibir clases, porque sus maestros se niegan a cumplir con las obligaciones legales que les señala la Reforma Educativa. No se trata de que el gobierno se niegue a pagarles; es que los maestros se rehúsan a registrarse para comprobar en qué centro de trabajo están dando clases, si es que las dan.

Hobbes argumentaba que el hombre está dominado por sus instintos y que lo único que lo detiene es el poder; en consecuencia, el poder debe ser lo suficientemente fuerte para impedir que los hombres dejen libres sus instintos.

Desde hace muchos años, los maestros de la CNTE, lejos de utilizar su conocimiento, preparación e inteligencia como armas de convencimiento, han privilegiado la fuerza, el chantaje y la violencia como sus principales instrumentos de negociación.

La libertad es un conjunto de derechos y deberes definidos por las instituciones jurídicas. Pero, cuando esa libertad se excede, surgen el libertinaje y la anarquía. El Estado no puede seguir siendo rehén de un grupo de presión, por numeroso y organizado que sea.

Como respuesta a la acción de la policía, la ciudadanía felicitó al gobierno por el uso de la fuerza pública y el sometimiento al cumplimiento de la ley a quienes rompen la paz social.

La tolerancia no puede seguir siendo ilimitada. Las exigencias sociales de un grupo, no deben convertirse en una imposición tiránica en contra de la mayoría. El gobierno federal no puede claudicar —ante la coacción y la amenaza— a una de sus principales obligaciones constitucionales: elevar la calidad de la educación de la niñez de nuestro país.

Como corolario, es válido rescatar las ideas del autor del Leviatán: “Donde no hay poder común, la ley no existe; donde no hay ley, no hay justicia”.

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