Cambio climático, Tratado de Aguas y T-MEC: una ecuación cada vez más difícil

Ramón Aguirre
Registro Tláloc
Ayer, Excélsior publicó una nota titulada Sequía en Europa es la peor en 500 años, según estudio. El dato es inquietante: 47% del territorio europeo se encuentra en condiciones de alerta o aviso por olas de calor y escasez de lluvias, con impactos en la navegación por el bajo nivel de los ríos, en la generación eléctrica y en la producción agrícola.
No se trata de un episodio aislado. La noticia confirma lo que la ciencia documenta desde hace tiempo: cada una de las últimas cuatro décadas ha sido más cálida que la anterior. El periodo 2011-2020 fue el más caluroso registrado, y 2023-2024 rompieron nuevos récords; 2024 superó, al menos temporalmente, el umbral de +1.5°C sobre niveles preindustriales.
Los océanos han absorbido más de 90% del calor generado por el efecto invernadero. El nivel del mar ha subido cerca de 20 cm desde 1900, con una tasa de aumento cada vez más rápida, mientras la acidificación por CO2 daña los arrecifes de coral. A esto se suman la pérdida acelerada de hielo en Groenlandia y la Antártida, el retroceso de los glaciares de montaña, la reducción del hielo marino ártico y el aumento en frecuencia e intensidad de sequías, incendios y lluvias extremas.
Hace años, el doctor Carlos Gay García, fundador y primer coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, me resumió el problema con una frase: “Donde llueve poco va a llover menos y donde llueve mucho va a llover más”. Es, desde luego, una simplificación, pero ilustra con claridad que la magnitud del desafío: peor, imposible.
EL NORTE DE MÉXICO, BAJO MAYOR PRESIÓN
Esta realidad obliga a revisar con especial cuidado las perspectivas hídricas del norte del país, nuestra región con menor precipitación y una de las más expuestas a los efectos del cambio climático. También obliga a evaluar con prudencia cualquier modificación a los compromisos derivados del Tratado Internacional de Aguas de 1944, particularmente en el contexto de la relación bilateral con Estados Unidos y el T-MEC.
La pretensión estadunidense de establecer como obligación una entrega anual invariable de 431.7 millones de metros cúbicos, en lugar del compromiso actual de 2,158.5 millones durante ciclos de cinco años, eliminaría una de las flexibilidades esenciales del Tratado.
Esa flexibilidad no es menor. Aun con ella, México ha cerrado en seis ocasiones un ciclo de cinco años sin completar el volumen comprometido del río Bravo, obligándose a compensar el faltante en el periodo siguiente. Aunque la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) no publica cifras anuales, se sabe que en más de la mitad de los años México no ha logrado entregar los 431.7 Mm3 que EUs pretende fijar como obligación anual.
Las perspectivas climáticas hacen todavía más delicado el escenario. Para el norte del país se anticipan mayores riesgos de escasez hídrica y desertificación: ya estamos ante una intensificación de las sequías y, hacia 2050-2100, se esperan incrementos de temperatura que podrían llegar hasta 5 °C y reducciones de precipitación de entre 10 y 28 por ciento.
PREVENCIÓN
México necesita prepararse desde ahora para cumplir sus compromisos internacionales sin trasladar el costo hídrico a los usuarios nacionales. Habrá que considerar nuevas fuentes de agua, inversiones importantes en infraestructura y seguramente altos costos operativos de la misma.
Pero antes de aceptar nuevas condiciones, esas opciones deben estar evaluadas y traducidas en una propuesta concreta. Comprometer volúmenes sin saber cuánto costará garantizarlos y, especialmente, de dónde saldrá el agua, sería un grave error.