La zorra y las uvas

Clara Scherer

Clara Scherer

Editorial

Por esos relatos, Esopo ha brincado feliz por los siglos de la historia. Sus reconocidas y difundidas fábulas retratan los entresijos de los seres humanos. Darle voz a los animales fue su recurso, y así, con rápidas pinceladas, da lecciones que desarman demagogias. Ninguno de sus protagonistas estará en listas negras y ningún lineamiento pasará por encima de la risa que provocan.

La zorra nunca admitirá una derrota. Despreciará lo que minutos antes consideraba un tesoro. Así, se construye el resentimiento. La zorra se percata de que no es capaz. Otros animalitos se comerán esas deliciosas uvas. Quizá, hasta sus hermanos. El autoengaño y la frustración son datos de identidad y hasta marca de la casa. De ahí al odio, un pequeño salto.

Estas historias han sido motivo de reflexión. “Pérez-Rioja, en su Diccionario de símbolos y mitos (1984: 427), el zorro (o la zorra, es género común) es símbolo de la astucia y el engaño. García Gual (1995: 111): El zorro es un maestro en el arte de la mentira y el engaño. Vive de eso, en las fábulas. Frente al león —o al lobo en historias medievales— recurre al engaño para medrar. Es animal de rapiña, pero en el mundo de las bestias, su fuerza queda muy por debajo de las de otros. Y, entonces, sin otra arma, recurre a la palabra artera, adula y piropea, hasta que consigue su botín. No en vano, en nuestro idioma, la palabra zorrería, según María Moliner, se refiere a la acción llevada a cabo con astucia y disimulo”. (IA).

El personaje se pone en evidencia. Las uvas, disfraz de visa. Quitarla señala. Apunta comportamientos de alto riesgo a la seguridad. El huachicol fiscal, las mini refinerías que funcionan solas. El fentanilo que mata jóvenes. Los sistemas más sofisticados para vigilar. Épocas y recursos que van de “los gatos de Aquitania” a drones capaces de vencer a Rusia.

La astucia desaparece ante la rabia. ¿Sin visa está desnudo? Puesto en la mira y sin argumento, insulta y clama por una ridícula campaña. ¿Caricatura del antecesor? ¿Cuando se escrituró a ese pequeño personaje como “territorio nacional”? Más, ¿no pone en riesgo esa soberanía? ¿Escándalo y coartada? ¿Aullar para alinear a la jauría?

Los rumores de los “gatos de Aquitania” son cada vez más fuertes. Tráfico de influencias para tejer red y defraudar a la nación. Dar abrazos para que el fentanilo llegue a los cuatro continentes. Dejar a las comunidades sin seguridad y en la mano cruel de narcos, que igual torturan y matan, que desaparecen jóvenes, mujeres y hombres. Instalar el horror para que la zorra espere sentado que le traigan las uvas. ¿Ejemplar Marina del Pilar? ¿Otros van por esa ruta? ¿Cómo medir el desconsuelo?

Se activó el aparato para la defensa del honor herido del infame. Le dolió el golpeado orgullo. Una visa no describe a nadie, cierto, pero quitarla, alarma especialmente a quienes detentan el poder. ¿Camina por ruta peligrosa? ¿Aterrado ante la mención de “Corte de Estados Unidos”? Desafía a quien, al ejercer una potestad soberana, lo ofendió y se abraza a su papá. Hasta agradece falsa solidaridad y cariño. ¿Mostrar lealtad viendo al 2027?

Los gatos de Aquitania, dice Eva García Sáenz, fueron una red de espías y agentes secretos, que apoyaban a doña Leonor, duquesa y reina de dos reinos, s. XII. Venció rivales aconsejada por su abuelo Guilhem IX de Aquitania, el Trovador: “Actúa como un león, ellos no lloran por sus presas. Arremete como un águila, siempre desde arriba. Ejecuta como un escorpión, su aguijón es selectivo y sólo inocula veneno al enemigo digno de su ataque”. 

Demasiado pedir a quien tras cuatro décadas, no se despega de la mano de su padre, y éste, con su campaña intenta nublar el entendimiento y envenenar el corazón. Asoma un fuerte rival ¿Sigue el precipicio de cristal? O ¿un agraviado y burlado mártir, para trepar al poder?