Triste, deplorable, lamentable
Estimado Andrés Manuel López Obrador: estoy seguro que el dos de julio usted amaneció como un hombre nuevo; después de luchas sexenales, plantones en Reforma, banda presidencial “patito” en un Teatro de la Ciudad y una campaña sin tregua, logró el sueño de ser el Presidente de México con todo lo que eso significa; mi tía decía que “quien nada tiene y llega a tener, loco se puede volver”; le escribo porque tal vez piense que es el presidente de 30 millones de mexicanos que votaron por usted y así obrará; no, usted será el 1 de diciembre el presidente de 120 millones de mexicanos
Triste.- En estos meses, es triste darse cuenta que parece que sigue en campaña, porque su beligerancia y agresiones no han cambiado, hacia los empresarios, hacia la prensa que analiza y critica sus dichos y hechos, hacia cualquiera que ponga en duda sus palabras; también ha lanzado agresiones innecesarias y ofensivas hacia las Fuerzas Armadas, lo que no merece nuestro Ejército.
Pero también es triste el que rechace el avión presidencial y la casa de Los Pinos para tener “una hamaca y un catre” en el Palacio Nacional; usted, señor López, no va a ser presidente de una Cervantina “ínsula barataria”, sino del gran país que es México, y no se vale que esconda su soberbia en una falsa modestia y medianía
Deplorable.- Es deplorable que teniendo la posibilidad de elegir a los mejores mexicanos como colaboradores haya elegido a unos buenos, muy buenos, pero a otros mediocres o francamente malos; usted sabe quiénes son realmente valiosos y quiénes fueron escogidos por ser sus amigos o sus compadres, o son tontos útiles para su causa; esas designaciones son deplorables porque sí afectan negativamente a sus proyectos.
Deplorable también ha sido que en esos meses haya realizado los “foros de pacificación” que resultaron un fiasco porque no se dio cuenta que pedir “perdón y olvido” a los miles de mexicanos que han perdido a sus seres queridos era irracional e imposible, por eso fracasaron y no sólo eso, sino que encendieron más los ánimos de los deudos de esos miles de mexicanos desaparecidos.
Lo mismo ha ocurrido con la Reforma Educativa, a la que un legislador condenó sentenciando que “no quedaría ni una coma”; el señor Esteban Moctezuma no sabe qué hacer en los zafarranchos que hacen los maestros, con el agravante de que en el horizonte se asoma la única e inigualable profesora Gordillo.
Deplorable también que prometa la descentralización del Gobierno Federal, con violación a los derechos de los burócratas; deplorables los recortes de personal sin ton ni son; deplorable la promesa de construcción del Tren Maya cuando no hay siquiera un asomo de estudio al respecto y más deplorable que haya exclamado: “El Tren Maya va, me canso ganso”, lo que ya apunta a un estilo personal de gobernar, con desprecio a las leyes y desprecio a la lógica.
Lamentable.- Pero lo más lamentable, señor López, es el embrollo en el que se metió solito, cuando sin motivo y sin razón sentenció en su campaña la cancelación de un proyecto aeronáutico monumental, concebido hace 20 años y diseñado por el mejor diseñador aeronáutico del planeta; una y otra vez habló y condenó el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) e ignoró el significado de esa construcción como polo de desarrollo en el Valle de México y su importancia en el futuro económico, turístico, comercial y social de la zona de Texcoco; y sí decidió llevar a cabo su promesa de campaña.
Para esto ha tenido la aquiescencia de colaboradores como el inefable José María Riobóo, quien cree que los aviones no pueden chocar porque “se repelen”, y el siniestro Javier Jiménez Espriú, —cuyo historial deberá analizarse algún día—, quienes se empeñan en lo imposible, falsean los datos, ocultan informaciones nacionales e internacionales, rechazan los dictámenes de los expertos: pilotos, ingenieros, líneas aéreas, etcétera y con eso le han dado alas para que usted siga con su lamentable empeño.
Y para colmo, sus seguidores, sin vergüenza y sin inteligencia, diseñaron una consulta pública; ignoraron, como lo hizo usted, que nuestra Constitución tiene claramente señalados los requisitos legales para realizar una consulta pública, cuándo y en qué condiciones se realiza, quiénes tienen que validarla, etcétera, pero no, a troche moche decidieron “conocer lo que el pueblo bueno y sabio quiere”, y la hicieron con las patas: seleccionaron los lugares a su antojo (no hay casillas en Polanco, pero sí en San Juan Cancuc, de 6 mil habitantes, donde el 72 por ciento de la población es analfabeta), hicieron las boletas sin numeración, violaron la secrecía de los votantes al registrar sin protección sus credenciales, permitieron votaciones múltiples, y el resultado es el que veremos este domingo; lamentable, señor López, lamentable.
Usted fue designado para dirigir un gran país, señor López, y tendrá que pensar no sólo en sus seguidores, sino en los 120 millones de ciudadanos que queremos que a México le vaya bien.
