El cubano Sandy Amorós fue presentado como el “nuevo Willie Mays” a su llegada a las Grandes Ligas. El jardinero de los Dodgers no brilló al nivel de la gran estrella de los Gigantes, pero sí fue protagonista de una famosa atrapada en una Serie Mundial.
En el séptimo juego del Clásico de Otoño de 1955, Dodgers vencía 2-0 a Yankees al llegar cierre del sexto episodio. Amorós había entrado justo en ese momento a cubrir la pradera izquierda. Billy Martin empezó la ofensiva con una base por bolas y Gil McDougald lo siguió con un efectivo toque de bola para embasarse.
El Yankee Stadium rugía ante la posibilidad del empate. Yogi Berra, el famoso catcher y zurdo para batear, pegó una línea tendida a la banda contraria que lucía como extrabase. Amorós realizó una larga carrera y antes de encontrarse con la barda lateral extendió su guante zurdo y milagrosamente realizó la atrapada. El cubano tiró al shortstop Pee Wee Reese, quien a su vez dobló a la inicial para completar la doble matanza. Esa jugada cambió el rumbo de la serie a favor del equipo de Brooklyn, que se coronó por primera vez.
Edmundo Amorós, conocido como Sandy por su parecido con el boxeador Sandy Saddler, era el gran héroe. Un año después, estuvo a punto de romper el juego perfecto de Don Larsen, el único en una Serie Mundial. Amorós se voló la barda por el jardín derecho, pero la esférica pasó en terreno de foul por unos centímetros.
Sus salarios en siete años en la Gran Carpa le dieron para llevar una vida holgada en Cuba. Poseía una mansión, una cuenta bancaria y una colección de autos. En 1962, el presidente Fidel Castro creó una liga de beisbol en verano y le pidió a Amorós ser mánager de uno de los equipos.
Amorós prefería seguir activo en el diamante y había acordado un contrato con los Diablos Rojos en la Liga Mexicana. Castro lo tomó como un desaire, entonces se le impidió al pelotero salir de Cuba y se le confiscaron sus bienes.
Luego de cinco años complicados, a Sandy Amorós se le permitió viajar de regreso a Estados Unidos, en donde se reunió con su esposa e hija. Los Dodgers reconocieron a uno de sus héroes y le dieron contrato de una semana al conocer que le faltaban unos días para alcanzar la pensión de Grandes Ligas. Se quedó a vivir en Florida, trabajó como vendedor de televisores, mayordomo y cuidador de parques, pero siempre atormentado por la sombra del desempleo.
Debido a la diabetes que padecía le fue amputada parte de su pierna izquierda.
Divorciado de su esposa, pasó en la casa de su hija los últimos días.
Sandy Amorós murió en 1992 a los 62 años.
“No sé qué le hice a ese tipo para merecerme esto”, decía al referirse a Fidel Castro.
