¿Se animan?

¿Se animan a hacer un cambio súbito y alegre en sus vidas? ¿se animan a romper con la rutina?

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Cuando me dicen que estoy viejo para

hacer algo, ¡lo hago de inmediato!

Picasso

Mi querido viejo: el año se está acabando y me imagino que, después de una vida llena de trabajo, de haber cuidado a tu familia, de haber previsto lo necesario para su bienestar, la educación de tus hijos y tantas, tantas cosas que han llenado tu existencia, te veo sentado en un sillón cómodo, leyendo el periódico (Excélsior, claro está), con esa calma y tranquilidad que da una vida bien vivida.

Mi querida viejita: tu vida ha sido plena, desde pequeña quisiste estudiar y ser útil a la sociedad; con el tiempo conociste al que ha sido el compañero de tu vida, juntos hicieron planes y los fueron realizando uno por uno: llegaron los hijos, alegría del hogar, llegaron las escuelas y tú estuviste atenta a que ellos cumplieran con sus obligaciones. Por supuesto, cuando hubo enfermedades o problemas, tú los resolviste. Y así se pasaron los años casi sin darte cuenta; ahora te veo ahí, en ese hogar que formaste, viendo tranquilamente la televisión.

Pero a ambos les quiero hacer una propuesta que no podrán rechazar, ¿se animan?

¿Se animan a hacer un cambio súbito y alegre en sus vidas?, ¿se animan a romper con la rutina y buscar emociones distintas, panoramas nuevos, satisfacciones inesperadas?

¿Se animan, solos, con amigos o compañeros, a emprender una aventura que quizá solo vaya a durar unos días pero que será inolvidable?

No se necesita mucho dinero. Se necesita lo suficiente para que la experiencia sea grata: escojan el lugar: una ciudad colonial, una playa sabrosa, una zona arqueológica. La que ustedes gusten, en especial algún lugar que ustedes quisieron visitar y conocer y que, por la tráfaga de la vida, no tuvieron oportunidad de hacerlo.

¿Se animan? Estoy seguro que lo pensarán y después verán con optimismo mi invitación, porque les quiero decir que tuve una experiencia maravillosa al acompañar a los miembros de un grupo llamado Hybris, de maestros y jubilados de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México, quienes celebraron el aniversario veintidós de una reunión que llaman “Una Canita al Mar”. Y así fue como encontré en Acapulco, lugar que hoy es tan maravilloso y mágico como lo conocí hace setenta y cinco años, a un grupo de más de 250 queridos viejos que llegaron a celebrar la vida, de manera verdaderamente ejemplar.

Imagínese, querido viejo, querida vieja, llegaron cinco camiones y se fueron derechito a la playa a jugar, brincar, bailar, hacer yoga, a convivir con desayunos y comidas sabrosas, visitar la ciudad, ir a ver a las tortuguitas al criadero, hacer baile de disfraces, tener conferencias (me tocó a mí hablarles de la dicha de ser viejo), y convertir esos pocos días en una experiencia inolvidable.

Estoy agradecido por la invitación que, a nombre de Hybris, me hizo Luis Sandoval, quien, junto a su eficiente equipo, prepara, programa y realiza decenas de actividades con precisión y puntualidad. Agradezco también las atenciones que tuvieron para conmigo

¿Qué les parece? ¿verdad que no es difícil disfrutar de la vida si nos lo proponemos? El grupo Hybris es ejemplar, deberían multiplicarse grupos como éste en todo el país, para mostrar ante el mundo que la vida no se acaba a los 60, que no se acaba con la jubilación y que, como decía el legendario beisbolista Yogi Berra: “esto no se acaba hasta que se acaba”

¿Se animan?

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