Mi querido viejo, estamos viviendo una etapa especial en nuestras vidas; lejos quedaron aquellos años locos en que nos comíamos al mundo de un bocado, teníamos una energía como para mover montañas, disfrutábamos cada hora del día para mejorar nuestra educación y nuestras habilidades, compartíamos con los compañeros nuestras tareas, nuestros gustos y hasta nuestros secretos; en su momento, volvimos los ojos a esa jovencita que llamaba nuestra atención y nuestras compañeras de escuela hicieron lo propio. Seguramente estas líneas han abierto el álbum de tus recuerdos y eso es algo muy satisfactorio.
Y luego todos recodamos los años en que cumplimos nuestro papel como ciudadanos, iniciamos el trabajo o la ocupación que escogimos y comenzamos a sentirnos útiles a la sociedad; quienes quisimos casarnos con nuestra noviecita lo hicimos y pronto llegaron los hijos que nos llenaron de alegría y de obligaciones que no conocíamos, pero que acatamos cumplidamente.
Los años han pasado y casi sin darnos cuenta estamos viejos, lo que significa que nuestros hijos hicieron lo propio: crecieron tienen trabajo, se casaron, tuvieron hijos, con lo que se perpetúa la historia de la humanidad en sólo dos o tres generaciones, y todo esto a nosotros nos llena de alegría y satisfacción.
Y aquí estamos, querido viejo, viviendo eso que se llama “jubilación”, que por su etimología quiere decir jolgorio, felicidad, alegría, pero… ¿estás contento por estar jubilado?, ¿cómo es tu vida diaria?, ¿qué actividad, entretenimiento, diversión te causa placer?
Y además, como el cuerpo paga la factura, ¿cómo está tu salud?, ¿tienes alguna una enfermedad crónica, diabetes, hipertensión, artritis?
Te digo esto porque en México, 31 de cada 100 adultos mayores tienen alguna incapacidad que afecta su vida, pero, además, la temida depresión se estima que afecta entre 13 y 30% de nosotros los viejos.
Por eso mi pregunta, querido viejo: ¿qué haces ahora?
Creo que no tienes ganas de volver al trabajo, 12 horas al día, con transportes, calor, etcétera, pero puede tener muchas actividades que antes no pudiste disfrutar.
Ahora puedes levantarte sin prisa y desayunar tranquilamente, conversar con los tuyos, leer o ver las noticias y arreglarte cómodamente. Ahora podrás leer los libros que no pudiste leer, visitar galerías y exposiciones, ir al cine, al teatro... y llenarás tus días de alegría
Creo que lo primero es saber cómo está tu salud, y una visita a tu médico preferido, tal vez con algunos análisis, te permitirá conocer tu salud y disfrutarla plenamente con los medicamentos que sean necesarios.
La vida no se acaba con la jubilación, puedes disfrutar cada momento, cada hora y terminar el día con esa sensación de bienestar que te mereces por toda una vida bien vivida; ahora tendrás otras actividades, las que quieras, cuando quieras, a la hora que quieras.
Y por supuesto, querido viejo, aléjate de los viejos cascarrabias, los viejos enojones, los viejos tristes, los viejos negativos que no han aprendido a disfrutar cada día como el primero y cada día como el último: con una sonrisa en los labios; si conoces a alguno, trata de darle un consejo, pero si no te hace caso, olvídalo.
No olvides que vinimos a este mundo para ser felices, y para vivir cada día “bien y de buenas”.
