¿Optimistas irredentos?

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo mi querido viejo

Soy optimista, no es muy útil ser otra cosa.

Winston Churchill

 

Mi querido viejo: una de las grandes alegrías que he disfrutado en estos años es escribir para ti y para quienes amablemente me leen, pero otra no menos importante es saber lo que piensas y lo que cientos de lectores piensan, proponen y aconsejan en mensajes que recibo todos los días; esto es para mí una lección de vida inolvidable.

Y ahora que escribí sobre el optimismo y el pesimismo, al hacer un recuento de los mensajes que recibí, veo que la mayor parte de los amigos que me leen son optimistas y, cierto, hay algunos que por muy diversos motivos expresan su depresión o su pesimismo, en especial el día de hoy, que celebramos el amor y la amistad con una sonrisa

Curiosamente, la principal causa de pesimismo en nuestros viejos no son las limitaciones económicas, ni siquiera los achaques propios de la edad, sino el maltrato o el abandono que sufren por parte de sus familiares o amigos, y eso es muy triste, porque las carencias de dinero tal vez se pueden solventar y los achaques tienen hoy más oportunidad de mejoría que antes, gracias a los avances farmacéuticos, pero el olvido o el maltrato no tienen solución y son resultado de la falta de educación que impera en nuestra sociedad mexicana, ya que no hemos enseñado a nuestros niños a respetar y ayudar a los mayores, en especial a los abuelos y abuelitas.

Si esta columna pudiera tener un objetivo, sería el mover la conciencia de los jóvenes y adultos que tienen a un viejo en casa, para que se dieran cuenta que son lo que son gracias a que su viejo o su viejecita se tallaron el lomo para darles casa, comida y sustento, que sacrificaron muchas oportunidades de descanso o diversión para que tuvieran una mejor preparación, una mejor escuela, y que ahora lo que necesitan es ser tratados como seres humanos, no como desechos que deben esconderse en el cajón del olvido; una sonrisa, un pequeño obsequio, una frase amable, una invitación de sorpresa, un apoyo económico pueden hacer el milagro de transformar a un viejo triste y deprimido en uno alegre y optimista.

Pero volvamos al optimismo; ¿por qué tanta insistencia en eso?, la historia nos confirma que es mejor ser optimista que pesimista, los grandes artistas, escultores, pintores, escritores, dieron testimonio de su amor a la vida y su optimismo y realizaron sus mejores obras aún en la vejez, y podemos mencionar a Platón y Aristóteles, que escribieron a avanzada edad, a Goethe, que escribió Fausto a los 80, a Cervantes, la segunda parte del Quijote a los 68, a Verdi, que escribió la ópera Falstaff a los 80; y artistas como Degas, que pintaba a los 83, y Renoir, que siguió pintando hasta su muerte, a pesar de tener un gravísimo reumatismo que le obligaba a amarrar sus pinceles a la mano para seguir pintando.

Pero no sólo vivimos mejor si somos optimistas y productivos, sino que vivimos más años, y como un ejemplo están no sólo los artistas que mencioné sino también la gran mayoría de los ganadores de los premios Nobel, grandes longevos que han vivido más de 80 años, a pesar de que muchos de ellos tuvieron que bregar mucho y superar dificultades hasta lograr el éxito de investigación o de creación; y eso lleva a otra cita de Winston Churchill: “El optimista ve una oportunidad en cada calamidad, en tanto el pesimista ve una calamidad en cada oportunidad”.

Cada día es para ti y para nosotros una oportunidad, una oportunidad de crear, de intentar algo nuevo, de sonreír, de cantar, bailar, qué sé yo; la vida sigue y, estoy cierto, querido viejo, que el optimismo pintará de colores cada día.

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