Los acapulqueños tendrán una feliz Navidad

MITO Los acapulqueños tendrán una feliz Navidad. Se acerca la Navidad y se recuerda la promesa presidencial dicha después de que el huracán Otis azotara con fuerza increíble el puerto de Acapulco y municipios aledaños. Han pasado dos meses y vemos que la promesa fue ...

MITO

Los acapulqueños tendrán una feliz Navidad.

Se acerca la Navidad y se recuerda la promesa presidencial dicha después de que el huracán Otis azotara con fuerza increíble el puerto de Acapulco y municipios aledaños. Han pasado dos meses y vemos que la promesa fue sólo eso, un buen deseo.

CONSECUENCIA

La falta de previsión y la cancelación del Programa de Prevención de Desastres Naturales, así como la ausencia del señor Presidente de la República en el sitio del huracán y su falta de contacto y apoyo efectivo a la población han tenido consecuencias.

REALIDAD

En todo el mundo ocurren siniestros naturales: temblores, inundaciones, heladas y demás que afectan y ponen en peligro a la población, la fauna, la flora y todo el ecosistema.

La reacción de todos los países ha sido la elaboración de planes de emergencia y en México tuvimos uno que desapareció con el sexenio.

Las consecuencias de lo ocurrido en octubre, sobre todo en la salud de la población, no se pueden ocultar: se afectó no sólo la vida de cientos de ciudadanos, sino la salud de miles de hombres, mujeres y niños de manera muy importante; hay datos del aumento de enfermedades respiratorias por inhalación de humo y polvo, infecciones intestinales por falta de agua potable, lesiones cutáneas por parásitos que surgen por falta de aseo, así como incontables problemas psicológicos por la incertidumbre generalizada, la falta de trabajo y empleo de miles de ciudadanos, y el abandono de las autoridades.

Se recuerda la actuación del presidente Ernesto Zedillo con motivo del huracán Paulina que afectó la costa en 1997: él abandonó su viaje diplomático a Europa y se dirigió a la zona afectada y trabajó durante tres meses para auxiliar a la población, y eso lo repitió en 1999 con el terremoto gravísimo de 7.0 en la escala de Richter, y estuvo con los damnificados todo el tiempo necesario.

Los damnificados de Acapulco han recibido incontables ayudas de asociaciones civiles, de la Cruz Roja, del Teletón e, incluso, del extranjero, y gracias a eso se han paliado sus carencias, aunque falta mucho para la reconstrucción de casas, escuelas, comercios y demás. Pasará mucho tiempo antes de que nuestro Acapulco vuelva a ser lo que fue.

Hoy, los acapulqueños no podrán tener una feliz Navidad, no hay agua suficiente, no hay electricidad ni teléfonos ni internet, no hay trabajo, aunque se diga lo contrario. Les deseamos lo mejor en estas fechas a nuestros hermanos acapulqueños.

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