Les queda grande el puesto
Al aumentar dos días su presencia, ¿mejorará la percepción de su mandato?, al dictar línea, incluso sábado y domingo, ¿logrará lo que no logró en cinco días?

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Para Sergio Aguayo, por la libertad de expresión
Mi padre y yo fuimos aficionados al futbol y el Atlante era nuestro favorito; recuerdo que cuando criticábamos al director técnico porque el equipo perdía muchos partidos, mi padre decía: “a ese director le queda grande el puesto”; y después de escuchar al señor Presidente hablar sobre la inseguridad y la violencia, el Insabi, los migrantes y otros asuntos, reflexiono sobre esa afirmación.
La noticia más reciente es que, después de más de un año de gobierno, el señor Presidente no está satisfecho con aparecer de lunes a viernes y decidió estar también los sábados y domingos allá en Palacio Nacional.
Eso tendrá muchas repercusiones: para los floreros de su gabinete, tendrán que estar a las seis de la mañana todos los días, pendientes de que los llame para que estén sentaditos como telón de fondo de sus discursos; para los abnegados reporteros de la fuente, se acabaron las reuniones o fiestas los fines de semana con los amigos o la familia, tendrán que madrugar para recibir el mensaje mañanero; para los comentaristas y analistas, más ocurrencias que comentar, más desatinos que analizar, más mentiras que registrar.
Y para la mayoría de la población, una mañanera más o menos no hará diferencia, porque la indolencia y la apatía en asuntos de política es la regla, es más importante comentar un partido de futbol o leer los memes estúpidos de las redes que el acontecer nacional.
¿Y para el señor Presidente, qué significan dos días más de mañaneras?; hay que analizar lo que sucede ahora en esa tribuna que no la tienen ni Trump ni el mismo papa Francisco; a pesar de la sonrisa sardónica de todos los días, el señor Presidente no las trae todas consigo; a pesar de su obstinación y necedad, de sus decisiones dictatoriales que amenazan nuestra democracia, se da cuenta que no es lo mismo ser el candidato que vociferaba y mandaba al diablo a las instituciones que ser el primer mandatario con enormes dificultades para gobernar.
Al aumentar dos días su presencia, ¿mejorará la percepción de su mandato?, al dictar línea, incluso sábado y domingo, ¿logrará lo que no logró en cinco días?; en el fondo, sucede lo que mi padre decía: al señor Presidente le está quedando grande el puesto.
¿Blasfemia?, ¿injuria?, ¿cómo es posible que al señor que bregó por decenios, que al perder una elección fue capaz de hacer un sainete colgándose una banda presidencial “patito” y que, finalmente, logró por vía democrática ser el primer mandatario de la nación, le quede grande el puesto?
Creo que él mismo ha dado la explicación de lo necesario para ser funcionario de la 4T: “se requiere 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de experiencia”, más claro ni el agua.
Al señor Presidente le queda grande el puesto, porque en efecto, parece ser que tiene 90 por ciento de honestidad, pero está reprobado en gobernación, seguridad, relaciones internacionales, economía, educación, turismo, cultura y salud, por decir algo, y su gabinete también es del equipo 90/10, con excepción de Marcelo Ebrard, que se ha tenido que multiplicar cada vez más, y Arturo Herrera, que entró de bateador emergente y hace lo que puede; porque si revisamos los resultados de funcionarios como Olga Sánchez Cordero, Manuel Bartlett (¿90/10?), Alfonso Durazo, María Luisa Albores, Rocío Nahle, Esteban Moctezuma, Javier Jiménez Espriú, Irma Eréndira Sandoval, María Luisa Alcalde, Miguel Torruco y en especial Jorge Alcocer, y otros como Octavio Romero, Rosario Piedra, María Elena Álvarez Buylla, Juan Ferrer, e incluso el chicharronero Ricardo Peralta y demás funcionarios 90/10, nos damos cuenta que, a un año, a los colaboradores del señor Presidente les queda grande el puesto.
Y lo peor es que muchos de ellos han destruido lo que México logró en decenios, y no saben cómo hacer que el país vaya adelante, el panorama en todos los ámbitos está ahí, aunque el señor Presidente sueñe que tiene otros datos.
La lamentable negativa a recibir a la Marcha por la Paz y la Justicia y la increíble e irrisoria ocurrencia de rifar el avión presidencial, son evidencias de que al señor Presidente le queda grande el puesto, pero, además, ahora lo escucharemos hasta en sábado y domingo, y yo pregunto: ¿para qué?