La “nueva normalidad” y la democracia iliberal
La “nueva normalidad” en los EU no sólo desnudó a un presidente ignorante, racista y estúpido, sino que surgió del fondo de millones de hogares el grito de repudio al racismo y la muerte.
“No puedo respirar"
George Floyd y millones más
Este malvado coronavirus logró lo que cientos de discursos, conferencias y sermones sobre la vida no pudieron lograr; hoy sabemos que el orden de las cosas se trastocó y que es más importante poder respirar que ser rico, famoso o poderoso; esta pausa de encierro, horror, enfermedad y muerte puede ser benéfica o mortal, a nosotros nos toca decidirlo.
Con una ingenuidad digna de cuentos de hadas, las autoridades de todo el mundo hablan ya de la “nueva normalidad”, como si la vida anterior al covid-19 fuera normal; esa estúpida idea de “no pasa nada” cierra los ojos ante los problemas sanitarios, sociales, económicos, raciales y ecológicos que vive el planeta; la “vieja normalidad” no era nada normal, y ahora lo vemos claramente, aunque los jerarcas de todo el mundo y los ciegos empeñados en amasar fortunas, dañar el medio ambiente, esclavizar y matar a seres humanos no lo quieran ver.
La “nueva normalidad” en los Estados Unidos no sólo desnudó a un presidente ignorante, racista y estúpido, sino que surgió del fondo de millones de hogares el grito de repudio al racismo y la muerte, una muerte más de miles de muertes que pasan desapercibidas; muchas cosas pasarán, y tal vez las comunidades olvidadas, negros, latinos y demás puedan comenzar a tener mejores oportunidades de vida; además, Trump perderá la reelección.
En las últimas elecciones, millones de mexicanos creyeron que podría haber un cambio real, con respeto a las leyes, justicia pronta y expedita, control de la delincuencia, progreso económico, protección al medio ambiente y que acabaría o disminuiría la legendaria corrupción gubernamental.
¡Triste realidad!, a año y medio de distancia, nada de lo prometido tiene el menor viso de cumplirse; vemos con indignación que la corrupción marca 4T es rampante del gabinete para abajo, que no hay respeto a las leyes, se hacen adjudicaciones directas, que se viola la Constitución un día sí y otro también, se agrede y se bloquea a las instituciones, la delincuencia ya es dueña de amplias zonas del país, y se sigue apostando al carbón y al petróleo, y todo en medio de mentiras de proporciones incalculables, tan sólo el Presidente ha dicho 26,161 mentiras o afirmaciones no verdaderas en sus 378 mañaneras y se empeña obsesivamente en dividir al país.
El covid-19 se asoció con la caída estrepitosa de la economía, el manejo de la pandemia ha sido lamentable —criminal diría yo—, y el resultado final en enfermos y muertos aún no se ve, pero tendrá un efecto deletéreo en la salud del país; y la economía sufre no sólo por la interrupción de la actividad laboral, sino también por el cúmulo de decisiones erróneas, equívocas o francamente inmorales que se tomaron desde antes del 1º de diciembre del 2018.
O sea que, de “nueva normalidad” no tenemos nada, y más vale analizar qué está detrás de lo ocurrido en 18 meses y pensar qué se puede hacer.
En 1997, el periodista Fareed Zakaria utilizó un término, democracia liberal en la revista Foreign Affairs, y señala que la democracia sin un liberalismo constitucional produce regímenes centralizados en los que la división de poderes no funciona, hay erosión de las libertades sobre todo de los ciudadanos, las organizaciones no gubernamentales sufren y hay manipulación de diversos tipos para anular a quienes piensan distinto, además, en este tipo de régimen, las masas son apaciguadas con dádivas o prebendas; los regímenes con democracia liberal (llamada también democracia vacía) tienen pocas posibilidades de evolucionar hacia un sistema democrático que respete las libertados constitucionales.
Creo que tenemos que ver las cosas en perspectiva y nombrarlas por su nombre; lo que vivimos ahora puede llamarse así, lemocracia liberal, o puede decirse simplemente dictadura (o chicanería), pero el hecho es que nos toca a nosotros, los ciudadanos actuar frente a ella, no para lograr una “nueva normalidad”, sino para aniquilar los vicios y deformaciones políticas y sociales y exigir —y lograr— una democracia sin adjetivos.
Insisto, no se trata de marchas, plantones o “memes”, se trata de trabajo serio, constructivo de los mexicanos que amamos a nuestro país y no aceptamos que en 18 meses se haya llegado a tal destrucción material, social, económica y moral por esta democracia liberal que nos corroe; tenemos doce meses para construir un frente que le quite la I a la democracia liberal que padecemos.
