La muerte tiene permiso

Las autoridades han publicitado la llegada de vacunas como si fuera el arribo de los Santos Reyes, comenzaron a inyectar sin orden ni concierto a amigos, funcionarios, y pobladores de lugares lejanos; la catástrofe vacunal está cantada.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

                La muerte es un sueño sin sueños.

                Napoleón Bonaparte

 

“Muchas gracias por el permiso, pero como nadie nos hacía caso, desde ayer el presidente municipal de San Juan de las Manzanas está difunto"; así concluye una de las mejores novelas de Edmundo Valadés; recordando esa novela, pienso que parece que en México la muerte tiene permiso para actuar sin cortapisas y sin obstáculos.

México vive en medio de la más violenta embestida de los delincuentes contra la integridad y la vida de los mexicanos, las cifras son conocidas, pero aumentan día con día, se estima que, en 2020, 40,863 mexicanos fueron víctimas de los delincuentes; hombres, mujeres y aun niños forman ese siniestro cementerio, y ya en este enero murieron 2,379 más.

¿Qué ha hecho el gobierno frente a este flagelo? Se dice que hay todas las mañanas una reunión del Comité de Seguridad, del que no informan nada, sólo contabilizan los muertos y publican cifras (https://www.informeseguridad.cns.gob.mx/); Andrés Manuel se ha negado una y otra vez a enfrentar a los delincuentes, cobardemente dice: “abrazos y no balazos”, “pórtense bien, piensen en sus mamacitas”, es decir, nada, sólo contempla la masacre sin un programa coherente; además, la liberación de Ovidio Guzmán, y su disculpa por llamar a su padre Chapo y no por su nombre, confirman que en el combate a la delincuencia la muerte tiene permiso.

México tiene las cifras más altas de contagios por el virus covid 19, casi dos millones, es el tercero en el mundo con más cifras de muertos y el primero en miembros del personal de salud fallecidos, y tanto el Presidente como el equipo de salud fracasado rotundamente desde el primer momento, callan “como momias” y desvían la atención en las mañaneras.

El encargado de enfrentar al covid desde siempre minimizó el problema, nunca realizó, como lo dice la ONU, miles de análisis para descubrir el virus, nunca presentó una estrategia, y sólo repetía las incoherencias del Presidente respecto al cubrebocas, a la sana distancia y la limpieza; una y otra vez predijo que la pandemia estaba controlada y en esta semana tuvimos 1,743 muertos en 24 horas, ¡un muerto cada minuto!

Y, con el fin de distraer la atención a la gravísima situación sanitaria, sin tener un proyecto definido ni la certeza de la vacunación en tiempo y forma, las autoridades han publicitado la llegada de vacunas como si fuera el arribo de los Santos Reyes, comenzaron a inyectar sin orden ni concierto a amigos, funcionarios y pobladores de lugares lejanos; la catástrofe vacunal está cantada, y López-Gatell celebra que ¡ya se apuntaron 4 millones para vacunarse!... ¿y?

La indiferencia criminal del Presidente y de los funcionarios de salud tiene graves implicaciones: el 58% de los infectados murieron en sus casas con todo lo que esto significa, los certificados de defunción se retrasan o rechazan sin motivo, y no hay medicina para los sobrevivientes; y si a eso se añaden los miles de muertos por otras enfermedades porque no pudieron ser atendidos, confirmamos que, en atención a la salud, la muerte tiene permiso.

Pero lo que no hemos podido evaluar en su verdadera dimensión es el impacto social y emocional que todas esas muertes tienen en la población mexicana; sabemos que hay 5 o 6 millones más de pobres, pero, ¿cómo se mide la angustia de una mujer que teme perder a su compañero o su hijo?, ¿la desesperación de un hombre que no sabe la gravedad de su compañera internada?, ¿el desaliento y abandono de los miles de huérfanos que se quedaron sin padre, sin madre y sin futuro?, ¿la frustración de quien gastó hasta lo que no tenía para tratar inútilmente salvar la vida de su ser amado?, ¿la resignación al ver que no hay comida para los hijos?

En México, la muerte tiene permiso, y si bien la delincuencia existe desde siempre y el covid vino de China, las autoridades, del Presidente para abajo, son y serán las responsables de la expansión de la violencia y de la magnitud de las muertes por covid y otras enfermedades porque no pueden ignorar que la principal función de un gobierno es otorgar seguridad y salud a sus habitantes.

Esto no acabará, pero podrá mejorar un poco si tu voto en junio cambia el panorama legislativo del país; la tarea es importante, todos debemos participar, recuerda, estimado lector, que tu voto cuenta y que tu abstención sería un voto para que todo siga igual; hoy más que nunca el país necesita tu voto, pasa la voz, convoca a tus amigos, vota.

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