La fiesta

Como dice Serrat, al acabar la fiesta todo vuelve a su nivel; ni el pobre tiene dinero para alimentar a su familia, ni el enfermo tiene medicamentos para evitar la muerte de un ser querido.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Juan Manuel Serrat es un poeta que tiene una visión singular de la vida, vale la pena leer su canción Fiesta: Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle/ ayer a oscuras, y hoy cuajada de bombillas/ y pusieron un cartel con las fotos de los tres y banderas de papel verdes, rojas y amarillas.

Vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta/ y hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha/ juntos los encuentra el sol, a la sombra de un farol, empapados en alcohol y magreando a una muchacha.

Y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza/ y el señor cura a sus misas, se despertó el bien y el mal, la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal/ y el avaro a las divisas/ Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.

Vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la fiesta.

Las fiestas comienzan y se acaban, pero su uso puede ser variado; desde Panem et circenses hasta las celebraciones multitudinarias de Hitler filmadas por Leni Riefenstahl, una de las formas como los gobiernos pretenden calmar y disimular las carencias de su gobernanza, ha sido ofrecer y dar fiestas y espectáculos extraordinarios, su organización no sólo consume tiempo y dinero, sino que muestra que el objetivo de un gobernante no es gobernar, sino mandar, aturdir y someter a quienes no tienen manera de reclamar sus derechos.

Esto ha sido la historia del mundo, pero ahora lo estamos viviendo como nunca antes; ciertamente, en los sexenios anteriores los presidentes hicieron celebraciones fastuosas para ocultar sus carencias, pero lo que hemos visto esta semana supera todo lo anterior, sobre todo porque cada día surgen más y más problemas de todo tipo, mientras en la mañanera se consumen horas inútiles y los mensajes se repiten por millones en su red personal de followers que, no sólo alaban sus logros, sino que agreden a sus críticos.

La fiesta y los festejos de estos días seguirán porque el objetivo de esta administración no es el bienestar de los mexicanos, sino el sometimiento a un poder que anula la democracia, busca la desaparición de facto de los Poderes de la Unión: Legislativo y Judicial, e intenta disminuir o anular al árbitro electoral, que, desde 1984, permitió que las elecciones fueran libres con independencia del gobierno (y al respecto, felicitaciones a José Woldenberg, por el justísimo homenaje que se hizo recientemente por su labor incansable por México).

Pero, como dice Serrat, al acabar la fiesta todo vuelve a su nivel; ni el pobre tiene dinero para alimentar a su familia, ni el enfermo tiene medicamentos para evitar la muerte de un ser querido, ni el comerciante tiene protección para evitar ser asaltado o muerto, ni el país tiene protección para las catástrofes ambientales porque desapareció el Fonden, ni los empresarios tienen libertad, porque los intimidan y los amenazan y, ni usted, estimado lector, tiene seguridad, porque en cualquier esquina puede perder la vida sin saber por qué.

Y seguirán las fiestas, con o sin la presencia de invitados impresentables, representantes de los peores gobiernos del continente, que son ofensa para el país. Seguirán las fiestas ocultando que el presupuesto no alcanza, y pronto viviremos algo parecido a otros sexenios en los que al final se acabó la fiesta.

Como he dicho, a nosotros nos toca hacer lo necesario para detener y revertir esa pendiente que lleva a México al caos, todos debemos participar, todos debemos actuar para que México siga siendo libre, democrático y progresista.

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