La bella utopía
En estos tres meses, el señor Presidente ha pronunciado en Palacio Nacional frases optimistas, pesimistas, encomiásticas, agresivas, ofensivas, defensivas, tranquilizadoras y amenazadoras, ha usado adjetivos para afirmar, felicitar, agredir, ofender, acusar, denostar, proteger, sentenciar, predecir y demás, pero la frase que más me agrada es “la bella utopía”, que señaló que desea para la patria y me agrada, porque es una revelación
Y es que en las agotadoras comparecencias marcó para siempre un camino que ya había andado desde que fue jefe de gobierno, pero que ahora se presenta a nivel nacional; su obsesión por la corrupción —que yo comparto— lo llevó a repetir la palabra 540 veces, su denuncia a los “neoliberales” 132 veces, su amor al “pueblo” fue mencionada 352 veces, y en 90 ocasiones dijo “no sé, no tengo datos”, pero al terminar su relato de los cien días deseó que se hiciera realidad “la bella utopía”.
Y cuando digo que es una revelación es porque imagino al joven López lleno de ilusiones (una bella utopía) cuando trató de llegar a la gubernatura de Tabasco y como no se le concedió, invadió la refinería y vino a la capital a extorsionar a las autoridades para que le dieran dinero. Imagino al joven López entusiasta por el PRI, haciendo un himno al partido y luego, decepcionado, cambiando de bando y logrando la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.
Su utopía continuó y quiso ser Presidente, y al no lograrlo, bloqueó la ciudad por meses, y en un acto que haría la delicia de los siquiatras, se colocó la banda presidencial autoproclamándose “Presidente Legítimo” allá en el teatro Metropólitan.
La utopía del señor López continuó con sus innumerables visitas a todos los rincones del país; no hay municipio que no haya visitado, donde vivió todo lo bueno y lo malo que tiene nuestra nación, y en aras de su utopía, ofreció que todo iba a cambiar; esas visitas generaron en la población un cambio indudable porque había llegado un hombre —mesías tropical lo llamó Enrique Krauze—, que prometía poco menos que el paraíso terrenal; y ya desde ese momento, cuando “mandó a volar” a las instituciones del país, y quiso callar a un Presidente diciéndole “chachalaca”, se fueron concretando sus sentimientos utópicos.
Llegaron las elecciones y su movimiento triunfó de manera aplastante, tanto que los demás partidos desaparecieron del mapa y, al tomar posesión de su cargo, cumpliendo en parte sus propósitos utópicos, criticó, denunció, sentenció y condenó todo lo que había ocurrido en el país hasta ese momento y ofreció un nuevo amanecer para los mexicanos.
Pero el asunto no termina con la asunción al poder, porque la utopía del señor Presidente tiene otros alcances que ahora comenzamos a visualizar.
Nadie se pudo dar por sorprendido cuando comenzó a utilizar no el bisturí, sino una poderosísima hacha para cortar de tajo la organización y los fondos de las instituciones, de las secretarías para abajo, así como de las entidades independientes a las que acusó y acusa una y otra vez, pasando por encima de la Constitución hizo “encuestas” a modo, compró carros tanques de combustible sin licitación, le pidió “permiso a la madre tierra” para construir un tren en la selva, y con diáfana claridad señaló que no busca la “austeridad republicana, sino la pobreza franciscana”, lo que es cierto, porque en estos primeros tres meses de gobierno se perdieron 157 mil empleos formales.
El Presidente reitera que quiere acabar con la corrupción, y para eso desmantela los programas que han beneficiado a niños, mujeres y viejos, las quejas de los ciudadanos lo tienen sin cuidado, la inseguridad y la violencia se han acrecentado, pero él sigue pensando en la bella utopía, y para lograrlo da personalmente dinero a los mexicanos una cantidad estimada de 191 mil millones de pesos que llegarán directamente a más de 23 millones de personas en edad de votar, y esto lo hace a través del “Censo de Bienestar” que están realizando desde hace meses con 20 mil voluntarios “Servidores de la Nación” que llegan a los hogares y fichan a quienes recibirán el dinero, todos también en edad de votar.
Al hablar en sus mañaneras, el señor Presidente ha reiterado que no se reelegirá, pero ordenó a sus legisladores que promulgaran la Revocación de Mandato en el 2021, y en una circular emitida en estos días por la SCT, aparece la orden de que en la papelería oficial a partir de ahora se omita la frase “Sufragio efectivo, no reelección”, aunque haya sido un “error de dedo” y se haya desmentido, el documento está ahí.
Ahora sí entendemos la magnitud de la bella utopía del señor Presidente: él desea ser de una vez y para siempre el dueño de la nación; por eso da dinero personalmente a millones de mexicanos, desmantela las organizaciones que lo analizan y lo critican, y adoctrina a los jóvenes en el Instituto de Formación Política de Morena, para lograr lo que dijo diáfanamente en su conferencia del lunes: su propia y personal bella utopía.
Lo demás es lo de menos.
