Jubilado, jubiloso
Mi querido viejo: comienza el año, se acabaron las fiestas y celebraciones y estoy seguro que la pasaste estupendamente bien. Sé que la mayoría de mis amigos viejos saben disfrutar de la vida y en cada etapa de su existencia supieron hacer lo mejor para vivir, disfrutar ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo: comienza el año, se acabaron las fiestas y celebraciones y estoy seguro que la pasaste estupendamente bien. Sé que la mayoría de mis amigos viejos saben disfrutar de la vida y en cada etapa de su existencia supieron hacer lo mejor para vivir, disfrutar cada día y cumplir con las obligaciones que contrajeron al crecer, estudiar, trabajar, comerciar, etcétera, y hoy están jubilados.
Muchos de mis amigos y compañeros están jubilados. Después de largos años de trabajo y productividad, llega la “edad de la jubilación”, que, como lo indica la Real Academia Española, se aplica a “la persona que ha cumplido el ciclo laboral establecido, deja de trabajar por su edad y es reconocido como jubilado”.
El término jubileo tiene dos raíces, una hebrea y otra latina. La palabra hebrea que aparece en la Biblia es vobel, que hace referencia al cuerno del cordero utilizado como instrumento sonoro que servía para anunciar un año excepcional dedicado a Dios. Ese año se denominaba yobel, es decir, jubileo, pues se iniciaba con el sonido del yobel o cuerno. Pero existe también una palabra latina, iubilum (derivada del verbo iubilare), que refería los gritos de alegría de los pastores y que terminó por significar alegría, gozo o alabanza.
Venturosamente, puedo decirte que entre mis amigos y compañeros de escuela hoy muchos son jubilados jubilosos, que viven plenamente las 24 horas del día, que se levantan alegres y sonríen cada mañana dando gracias a la vida que les permite estar aquí un día más.
Estos amigos jubilosos siempre sonríen, desayunan con sus familiares, comen sabroso, disfrutan la comida y no le hacen mucho caso a los médicos que a nuestras edades prohíben tales o cuales alimentos; uno de los secretos de la comida es disfrutar el color, el aroma, el sabor y la consistencia de los alimentos y, como cuidan su dentadura, pueden comer de todo tranquilamente.
Estos amigos jubilosos no necesariamente son atletas de los deportes, pero disfrutan una caminata, un paseo por un jardín, dar la vuelta a la manzana o ir a comprar algo a la tienda de la esquina; se mueven, no van a romper récords, pero su ejercicio les hace bien.
Estos amigos jubilosos no están preocupados por sus enfermedades, sino que acuden a un buen médico y, si tienen algún problema, la presión arterial, alta, gastritis, diabetes, qué sé yo, se tratan adecuadamente sin ansiedad o zozobra.
Pero, además, estos viejos jubilosos disfrutan de su tiempo libre y ahora pueden leer todos los libros que no leyeron antes, ir a museos o exposiciones, ver obras de teatro, reunirse con sus familias y con sus amigos y gozar el tiempo libre que ahora tienen muy merecido.
Mi admiración por ti, querido viejo, que trabajaste todos los años con el mayor esfuerzo y dedicación, y que ahora disfrutas tu jubilación con una sonrisa en los labios; no niego que hay problemas administrativos que atrasan nuestras sonrisas al jubilarnos, pero tarde o temprano se arreglarán. Espero que vivas jubiloso todos los días de tu vida.