“Hasta el copete”

Hablando con algunos amigos que entienden de esto, alguien señaló que el principal “pleito”, que lo tiene “hasta el copete”, es con el pasado, con sus antecesores, y por eso, tanto usted como los miembros de su gabinete no cesan de hablar de las fracasos anteriores.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

“Me tienen hasta el copete con sus pleitos, no vamos a perder el tiempo peleándonos, vamos a unirnos, vamos a hacer un compromiso", esas fueron sus palabras, señor Presidente, en la reciente reunión que tuvo en Morelia y es algo que compartimos con usted ciento por ciento; estar “hasta el copete" habla de hartazgo ante una situación que se desborda y parece no tener salida, cierto, señor Presidente, estamos “hasta el copete".

Y estamos “hasta el copete” porque sus frases, sus palabras, sus adjetivos, sus insinuaciones y acusaciones de cada mañana hablan de su “pleito”, —así lo llamó usted—, con todos los que no compartimos alguna de sus políticas o alguno de sus proyectos.

 “Pleito” porque se pelea por lo que se dice o lo que se hace, por lo que pasa o por lo que no ha pasado; en estos meses hemos sentido que usted está “de pleito” con los mexicanos.

Hablando con algunos amigos que entienden de esto, alguien señaló que el principal “pleito”, que lo tiene a usted “hasta el copete”, es con el pasado, con sus antecesores, y por eso, tanto usted como los miembros de su gabinete no cesan de hablar de las fracasos y errores de las administraciones anteriores, del cúmulo de obras y acciones inmersas en la corrupción; su pleito, señor Presidente, es con el pasado.

Pero además, en estos meses hemos visto que usted tiene “pleito” con los propios miembros de su gabinete, que no siempre aceptan lo que usted dice o hace, ya que muchas decisiones, como la compra de pipas que ordenó y violó la ley, la confirmación de que no hubo corrupción en el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y el equívoco de crear una refinería que ni se podrá terminar ni se podrá financiar; chocan con lo que usted afirma y surgen “pleitos” que no favorecen a su administración.

Y con los “pleitos” que usted tiene con las organizaciones autónomas a las que quiere nulificar, con los otros poderes, que quiere doblegar, México no podrá avanzar.

Ya hemos solicitado, —como lo dijo la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero— que haya respeto, pero usted no nos respeta, que haya transparencia, pero sus divagaciones y sus silencios eternos no ayudan a que haya visión de futuro, porque tal parece que vamos a la época del carbón del siglo pasado mientras usted y su gabinete ignoran lo que es innovación, desarrollo y progreso.

Quienes amamos a México, en una u otra forma le hemos dicho que queremos que el país progrese, que se establezca el Estado de derecho, que acabe la impunidad, que se castigue a los delincuentes donde quiera que estén, que se eduque bien a los niños, que se promueva una vida sana para todos los mexicanos y que vivamos todos en paz.

 No queremos “pleitos”, no estamos como usted “hasta el copete”, pero sí cansados de ver que el tiempo pasa y no hay ni progreso ni proyectos viables.

Y como médico no puedo sino sorprenderme por el cúmulo de errores y equivocaciones, ocurrencias y cancelaciones en todo el sector salud del país, comenzando con un diagnóstico incompleto y sesgado, seguido de cambios sin ton ni son, invenciones como el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, que es una mala copia del Seguro Popular.

Tambien, recortes en el presupuesto que causaron desabasto en los institutos nacionales de salud y en cientos de hospitales; falta de medicamentos y equipos, reactivos y kits para los recién nacidos, desorden y pleitos internos en organismos como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios y tantos problemas más.

Miles de empleados en las instituciones de salud fueron cesados, cientos de profesionales, no sólo los médicos y enfermeras, sino en particular los residentes, dejaron de recibir su sueldo y no pueden atender a los pacientes por las carencias en sus lugares de trabajo.

Por supuesto, estos colegas están “hasta el copete”, y se han manifestado en las calles de muchas ciudades, respaldados por los directores de hospitales e institutos nacionales.

Por eso, señor Presidente, ya no siga peleándose con los mexicanos, todos queremos lo mismo: un México mejor, digno, en paz, pero queremos que se haga bien, no como hasta ahora, porque si no, esa cruel señora que se llama realidad llegará más pronto que tarde.

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