“La esclerosis múltiple es enfermedad de adultos mayores”

Rafael Álvarez Cordero
Mitos y realidades de la salud
MITO
“La esclerosis múltiple es una enfermedad de personas mayores”. La esclerosis múltiple es una enfermedad que afecta a los nervios de todo el cuerpo, pero hay quienes suponen que sólo los adultos mayores la pueden sufrir.
CONSECUENCIA
Con este pensamiento, tanto los pacientes como algunos médicos descartan el diagnóstico de esclerosis múltiple si los síntomas se presentan en gente joven, y eso puede retrasar el inicio del tratamiento.
REALIDAD
A nivel mundial, la esclerosis múltiple afecta a casi 2.9 millones de personas. Es la segunda enfermedad neurológica más frecuente en adultos jóvenes, presentándose principalmente entre los 20 y 40 años; es hasta tres veces más común en mujeres que en hombres. La esclerosis múltiple se diagnostica con mayor frecuencia en adultos jóvenes, situándose la mayoría de los diagnósticos entre los 20 y los 40 años. Se origina por la rotura de la cubierta protectora de los nervios. Puede causar entumecimiento, debilidad, problemas para caminar, cambios en la visión y otros síntomas.
En la esclerosis múltiple, el sistema inmunitario ataca la vaina protectora que recubre las fibras nerviosas, llamada mielina. Esto interrumpe la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo; con el tiempo, la enfermedad puede causar el deterioro o el daño permanente de las fibras nerviosas. La prevalencia media mundial es de aproximadamente 30 a 33 casos por cada 100,000 habitantes.
México: se estima que más de 20,000 personas viven con la enfermedad. La prevalencia varía; en el norte del país se han reportado cifras más altas, de hasta 18-25 casos por cada 100,000 habitantes. Los síntomas de esta enfermedad son fatiga y debilidad, cansancio extremo que no mejora con el descanso, y debilidad en brazos o piernas; alteraciones visuales: visión borrosa o doble, dolor al mover los ojos y, en ocasiones, pérdida de visión, trastornos de sensibilidad: entumecimiento, sensación de hormigueo, ardor o adormecimiento en el rostro, tronco o extremidades, Problemas de equilibrio: mareos, vértigo y dificultad para caminar o mantener la coordinación. Afectaciones motoras: espasmos, rigidez muscular (espasticidad) y temblores. Control de esfínteres: necesidad urgente de orinar, incontinencia o estreñimiento. Problemas cognitivos y emocionales: dificultad para concentrarse, pérdida de memoria a corto plazo, cambios de humor o depresión.
En las fases iniciales, estos síntomas suelen presentarse en forma de “brotes”, duran días o semanas, y luego mejoran o desaparecen de forma parcial o total. Generalmente se inicia el tratamiento para la esclerosis múltiple con fármacos de primera línea, como el interferón beta y acetato de glatirámero, estos medicamentos para esclerosis múltiple reducen la tasa de brotes y de nuevas lesiones, ya que actúan sobre diferentes aspectos del sistema inmunitario sin provocar inmunodepresión, por lo que, en general, son muy seguros.
Recientemente, los especialistas en este problema han cambiado el enfoque terapéutico, pasaron de un esquema de pastillas o inyecciones diarias o infusiones mensuales a una infusión cada seis meses y reducir drásticamente la progresión de la enfermedad. Esta alternativa ha marcado una diferencia en la calidad de vida de los pacientes y de sus familias, pues ocho de cada diez tratados con esta alternativa no presentan progresión a una discapacidad. Sin duda, parte del éxito del tratamiento está vinculado a un diagnóstico temprano y a la adherencia al tratamiento. Estos esquemas de aplicación permiten que se administre únicamente dos veces al año vía intravenosa y puede aplicarse en el hospital, consultorio médico e incluso en el hogar. Esto representa un beneficio para el paciente, para los cuidadores y para el personal médico.