Desde el año pasado, han circulado versiones sobre la existencia en Estados Unidos, de presuntas listas de políticos mexicanos, señalados de tener vínculos con el narcotráfico y otras actividades ilícitas. Desde la publicada por el periodista Luis Chaparro, en la que el Departamento de Justicia tendría identificados al menos tres exgobernadores, cinco senadores, cuatro diputados y un juez o magistrado, hasta las de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, donde estarían empresarios y políticos acusados de colaborar con cárteles de la droga, al facilitar el lavado de dinero o la protección institucional. Ante estas elucubraciones, la cuestión latente es, ¿habrá acciones contra personajes mexicanos? Sin duda.
En este contexto, llamó la atención que la semana pasada, con la finalidad de presentar una supuesta “conspiración”, basada en la “desinformación” que prevalece contra el gobierno federal, la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, dio nombres de periodistas, medios de comunicación, actores políticos y cuentas digitales, que según ella “amplifican campañas en contra de la administración de Claudia Sheinbaum”. No se limitó a describir el supuesto esquema “antigubernamental”, sino que también mostró listas con estos perfiles. La conferencia dejó una gran indignación, pero levantó la pregunta, ¿por qué hacerla ahora? La respuesta es simple. Todo aquél que critique al gobierno, será calificado como adversario.
Ambas listas son el preludio de lo que viene. Por un lado, la focalización del gobierno estadunidense contra la “narcopolítica” en México. Por el otro, la defensa de los “suyos” por parte del cuatroteísmo, con la soberanía nacional como excusa enmascarada. El banderazo inició con un nombre: Andrés Manuel López Beltrán, el famoso Andy, quien fue despojado de su visa para entrar a los Estados Unidos.
En los últimos años, se han publicado múltiples escándalos que involucran al hijo de AMLO. Desde sus vacaciones en Tokio en hoteles de cinco estrellas y compras en Prada, hasta las que lo relacionan con adquisición de balasto para el Tren Maya y contratos en el malecón de Villahermosa. Sin embargo, las investigaciones periodísticas de mayor gravedad, lo vinculan con los hijos de El Chapo Guzmán (Anabel Hernández) y con una red nacional de “huachicol fiscal” (Código Magenta). ¿Aterrizarán dichas acusaciones? Lo sabremos pronto.
López Beltrán publicó una carta dirigida al presidente Donald Trump en la que califica la cancelación de su visa, como una “burda y perversa canallada” de naturaleza propagandística. Acusó directamente a Marco Rubio y Christopher Landau de ordenar el retiro por motivos políticos. Morena y todo su aparato, salieron en su defensa. Criticaron que se busca “intimidar a quienes defienden con firmeza la soberanía de México” y que “es parte de la estrategia de la derecha contra el progresismo latinoamericano y la 4T”.
En este escenario, surge la duda: ¿qué hará el progenitor de Andy? Este episodio podría evidenciar nuevamente los trastornos de personalidad narcisista (TPN) que han sido recurrentes en el comportamiento del pequeño personaje tabasqueño que gobernó al país. ¿Y si para el padre narcisista, el hijo no es un individuo con derechos, sino una extensión de su propio ego o un “objeto utilitario”? ¿Y si intenta posicionar al hijo como mártir, “encarnación de la patria” y encumbrarlo frente a sus correligionarios? Recordemos que a partir del 1 de octubre, el Congreso podría nombrar jefe o jefa del Ejecutivo, en caso de ausencia definitiva de la Presidenta. Aunque AMLO nunca ha tenido visión de Estado, a la “grilla” sí le sabe. No le importaría dividir al país.
La suerte está echada; por eso las “listas”. Mientras que, desde Estados Unidos, habrá acciones contra personas específicas, en México, los duros de Morena se defenderán con uñas y dientes. Landau ya emitió un mensaje provocador en su cuenta de “X”: “¿Estás disfrutando el show? Rellena tus palomitas. Amarás la siguiente parte”.
¿De qué lado jugará Claudia Sheinbaum? Más allá de las expresiones públicas para el graderío guinda, ¿apoyará o se confrontará con lo que haga el gobierno trumpista? No hay duda, buscará sobrevivir. Llegó el tiempo de definiciones. No obstante, lo realmente importante es que, por encima de las narrativas de uno u otro lado, la sociedad mexicana estará obligada a entender los riesgos que enfrentamos ante esta colisión y, sobre todo, construir una ruta propia que nos permita salir avante –especialmente en la relación bilateral– frente a la marejada que se avecina.
