Ulises y la pérdida del pacto entre extraños (Parte I)

 

Escribir es poder hablar de lo que no hemos encontrado en ningún otro lado y que deseamos se convierta en un tema de reflexión. Así es como ha llegado este tema a mis manos. Llevaba días leyendo y cazando a ver si encontraba lo que voy compartir a continuación, quizá como una manera de encontrar un alma paralela; sin embargo, aun preguntándole a los mejores buscadores, incluida la inteligencia artificial, no lo encontré.

Quizá es la praxis de escuchar lo que se narra. Quizá se deba a que está a la vista de los ojos y a todos nos resulta tan evidente, que no se puede observar.

El director de cine Christopher Nolan utiliza de manera consciente o no (será una incógnita y no se lo podemos preguntar) al personaje de Ulises, de La Odisea de Homero, para manifestar que el fin de la era de los hombres llega cuando se pierde el pacto (civilizatorio) entre ellos.

Los eruditos, preocupados en que la tradición de La Odisea no se pierda, han reflexionado sobre si existía culpa, sobre la moral, sobre lo verosímil de los diálogos. Quizá emocionados porque el texto recobre vida están muy pendientes de marcar la fidelidad con el original. Pero como toda obra creativa, es un vehículo para algo más, y las palabras, casi a modo de moraleja, como si fuera un resumen de lo que se quiso decir aparecen en un dialogo que comparto un poco mas adelante. Y digo como moraleja pensando en las fábulas de Jean de la Fontaine, porque es sabido que las de Esopo no tenían moraleja, dejaba que a la audiencia realizará el trabajo de entendimiento; de la misma manera, en esta obra de Nolan, la moraleja está escondida a plena vista. Por ejemplo, esta ruptura, que no aparece en los versos de La Odisea, Nolan hace que Ulises exprese su culpa porque hizo un regalo que se convirtió en veneno: “Les dejamos un regalo, una ofrenda de paz que llevaron a casa. Violamos todo lo que es sagrado entre las personas. Convertimos una pelea en una cacería”. No hay nada honroso en ganar una guerra que se gana a traición, ganar no lo es todo siempre.

Este Ulises habla después del ingenio desde otra perspectiva, no del que uno se pueda enorgullecer, sino del ingenio que ha servido para destrozar, que rompió lo mejor que hay entre los hombres, lo cual no puede hacer heroico a nadie. Dice Ulises: “La idea de un hombre, una trampa para romper la ley de Zeus para siempre. Vivíamos en un mundo de palacios y comercio, lenguaje, ciegos a su belleza, hasta que la rompimos”. El ingenio pasa a ser, más bien, malicia.

¿Y cuál es la ley de Zeus? La ley de honrar y dar de comer al extranjero. Lo que los griegos llaman Xenia, en latín es hospitium, que es la hospitalidad y que procura la generosidad y la compasión hacia los extraños. Por ejemplo, en el filme de Nolan existe un pasaje en el cual Eumeo, el porquero, que vive en la pobreza y acaba de ser víctima de los pretendientes, recibe a un Odiseo disfrazado y recuerda esta misma ley: “No me está permitido deshonrar a un huésped, pues todos los extranjeros y mendigos pertenecen a Zeus”. No es que Eumeo lo reciba con alegría, no tiene mucho para ofrecer, es un esclavo que vive con incertidumbre porque no sabe dónde está su amo, aun así tiene la capacidad de la hospitalidad. Y es que, de acuerdo con el sitio web hellenicfaith.com, “Xenia exige que no demos la espalda a los necesitados e indefensos, ya que Zeus Xenios nos obliga a ser parientes de los extraños, puesto que se encuentran en una posición vulnerable”. ¿Qué queda de la relación entre humanos cuando Xenia se pierde? Esto responde el Ulises de Nolan: “La ruptura de la ley de Zeus se propaga como una plaga”. El miedo y la rabia toman control de la situación en la forma de violencia y el mundo deviene apocalíptico. 

Así, la Xenia griega de la hospitalidad termina yendo más allá de un pacto entre individuos, se convierte en el principio de pacto civilizatorio que permitiría que los seres humanos puedan confiar unos en otros. Ulises en su encomienda  de ganar la guerra y regresar a casa está dispuesto a romperlo. De la ruptura de ciertos pactos ya no hay camino de vuelta.  Esto también nos permite pensar en el contrato social de Jean-Jaques Rousseau (el cual se abordará en la siguiente columna).

De esta manera, la tesis que no podemos dejar atrás, es la de la fractura de la confianza. ¿Cómo pueden establecerse lazos humanos sin confianza? El mundo actual está desquiciado porque cuando la confianza se quiebra, empiezan a debilitarse las reglas que posibilitan la convivencia; de ahí se borran las líneas que establecen la legitimidad y la Ley deja de ser mediadora. Las reglas de la polis parecieran tornarse en opcionales y, en consecuencia, algo tan frágil como lo es una democracia se pueden volver contra sí misma. Quizá la mayor crisis de nuestro tiempo es que hemos olvidado por qué necesitamos los pactos entre nosotros.

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