Eres lo que comes

Trata de no comer solo, sino en compañía, come bien y con calma, come tranquila y sabrosamente

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Que tu alimento sea tu medicina 

y tu medicina sea tu alimento.

Hipócrates

Querido viejo: uno de los problemas que se han presentado como consecuencia del encierro forzoso al que millones de mexicanos hemos estado obligados, ha sido el conflicto, desorden o gran desbarajuste en la alimentación.

De entrada, la adquisición de los alimentos ha sido un problema por las dificultades para comprarlos y llevarlos sanamente a casa o los problemas de higiene de algunos productos que compramos en línea. Pero después nos encontramos con el conflicto entre qué comer y qué no comer, a qué hora comer, cómo evitar la compulsión a comer por inquietud, aburrimiento o simplemente por “nervios”. Por eso, a casi ocho meses de distancia no es raro que nos encontremos con un cuerpo diferente: unos hemos ganado peso, estamos gordos, y eso a nuestra edad no presagia nada bueno. Otros hemos perdido peso, porque dejamos de comer, estamos desganados, no saboreamos los alimentos y nos sentimos débiles. Ejemplos hay muchos entre mis amigos y compañeros y seguramente las estadísticas comprobarán que entre las consecuencias de la pandemia están la obesidad y la desnutrición.

Sabiendo esto, en la plataforma Quiero Saber Salud, que tengo con un grupo de expertos, nutriólogos y sicólogos, hemos intentado enviar mensajes útiles para esta situación que no imaginamos al principio del año. Y, ¿qué hemos encontrado?, que algunos viejos queridos que toman diversos medicamentos para la presión, el colesterol, los triglicéridos o la diabetes, se alimentan mal porque sienten que esos productos dificultan la digestión. Es por eso que quise recordar la sentencia de Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”. Yo no estoy en contra de los medicamentos, son algo que nos devuelve la salud y nos preserva la vida, pero la alimentación equilibrada debe ser importante.

Trata de no comer solo, sino en compañía, come bien, y con calma, come tranquila y sabrosamente, no tienes que comer al ritmo de los demás, no hay prisa, saborea cada bocado, es un placer que nosotros podemos tener porque no hay prisa para comer y menos si estamos encerrados.

Además, hay pequeños detalles que no podemos pasar por alto, como la dentadura, porque si está incompleta o desapareció y tienes placas que no ajustan bien, sufrirás al comer. Cuida tu dentadura y arréglala si es preciso.

Pero además, como lo han dicho algunos expertos, puedes escoger, junto con tu comida habitual, algunos que se han llamado “alimentos para la longevidad”. ¿Cuáles son esos productos?: el tomate, el aceite de oliva, las uvas rojas, el ajo, las espinacas, los granos enteros, el salmón y las nueces. Ya desde ahora puedes imaginar una sabrosa ensalada con lechuga, tomate, espinacas, granos enteros y nueces y aderezada con aceite de oliva. Puedes imaginar un buen trozo de salmón, con una salsa bearnesa o una crema de queso, verduras y ejotes; o una ensalada de endivias con queso azul o queso camembert y aceite de oliva. Tú puedes inventar muchas recetas más, por supuesto, acompañadas de una deliciosa copa de vino.

Comer es un placer, el único que podremos tener tres veces al día hasta el último día de nuestra existencia, ¡a disfrutarlo!

Temas: