Mi querido viejo: entrar en el rincón de los recuerdos puede ser una aventura grata y permite traer a la memoria hechos y aventuras que todos tuvimos cuando éramos pequeños y teníamos un mundo por descubrir; esto es importante por los tiempos que estamos viviendo, ya que, a querer o no, los problemas de nuestra ciudad, de nuestro país y del mundo nos agobian y, como ya se ha documentado, la ansiedad y la zozobra debidas a la inseguridad, hacen que vivamos horas tristes; compañeros y amigos nos cuentan de asaltos y robos como nunca, en un México que es presa de la delincuencia y la corrupción.
Y al encontrar algunos libros de nuestra infancia: El Mundo Pintoresco, El libro de los Porqués, El tigre de Malasia, El libro de la selva y tantos más, recordamos cómo los devorábamos viviendo las aventuras de aquellos héroes, y apareció entre ellos un poema escrito por Rudyard Kipling, llamado ¡No desistas!, que parece escrito para nosotros en estos días.
“Cuando vayan mal las cosas como a veces suele ser, cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir, cuando tengas poco haber, pero mucho que pagar, y precises sonreír aun teniendo que llorar; cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar acaso debas, pero nunca desistir”.
Nuestros tiempos son ésos, querido viejo, no lo podemos negar, leer las noticias, verlas en la televisión nos entristece, y parece que todo va a acabar, pero recordemos que Kipling sigue diciendo:
“Tras la sombra de la duda, ya plateada, ya sombría, habrá de seguir el triunfo, no el fracaso que temías, y no es dable a tu ignorancia figurarte cuán cercano puede estar el bien que anhelas y que juzgas tan lejano. Lucha pues, por más que tengas, en la brega que sufrir, cuando todo está peor, ¡más debemos insistir!”.
Así estamos, querido viejo, nos encontramos en un mundo revuelto, en el que no hay paz, no hay armonía, no hay leyes, no hay verdades y sí muchas mentiras, llanto y muerte, y ahora cuando debemos sacar la fuerza y la entereza que nos inculcaron nuestros padres y nuestros maestros. Debemos hacer lo necesario para que vuelvan a surgir los valores y los principios de convivencia, el respeto a los demás, el amor a la vida, el repudio a la mentira y a la corrupción, y juntos deberemos trabajar para que nuestro mundo vuelva a ser vivible en el mejor sentido de la palabra.
Mi querido viejo: es la hora de insistir, como dice Kipling, es la hora de alzar la voz para hacer valer la vida, la verdad, la libertad de expresión, la libertad de enseñanza, la educación y la investigación; queremos vivir en paz y lo lograremos, porque como mi tía dijo una vez: “Los buenos somos más”.
Y tú, hurga entre tus recuerdos, visita tus libros, cuentos, historias de nuestra infancia y estoy seguro que surgirá una sonrisa y la inocultable alegría por esos años vividos, y tal vez puedas compartir esos recuerdos con tus hijos y, sobre todo, con tus nietos, porque ese ejemplo también será de vital importancia en su futuro.
* Médico y escritor
