El Presidente está solo

En estos casi tres meses en que el señor Presidente ha estado puntual al comenzar el día en Palacio Nacional y ha sido visto diariamente por millones de mexicanos, a casi tres meses de ser el centro de la atención nacional, después de verlo, bien trajeado o mal vestido, a veces radiante, otras cansado, sonriente o cáustico, irónico, lúgubre o irritado, he llegado a una conclusión: el señor Presidente está solo.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Y está solo por varias razones; está solo porque se rodeó de hombres y mujeres a los que les concedió participar en su administración, les dio el puesto o la encomienda que creyó mejor, los tiene ya trabajando arduamente para realizar los cambios de la llamada “Transformación del país”, pero ninguno de esos colaboradores, discretos, unos, brillantes, otros, experimentados, algunos más, se atreven a expresar ni una palabra acerca de lo que él hace, mucho menos a opinar de manera diferente o contraria a lo que diga en su conferencia mañanera.

No hay uno solo que, a pesar de las evidencias contundentes, haya sido capaz de decirle al Presidente que fue un error garrafal, político y, sobre todo, económico la clausura del proyecto NAIM; que Santa Lucía es un sueño guajiro que ni siquiera las líneas aéreas reconocen como válido; nadie le ha criticado que planee hacer una nueva refinería que agotará las reservas monetarias y pondrá a Pemex contra la pared, y muchas cosas más; todo esto confirma que el Presidente está solo.

No hay un solo colaborador que haya señalado al Presidente que muchas de sus acciones son anticonstitucionales, como las “consultas populares”, el perdón a los delincuentes, los despidos injustificados de miles de trabajadores de muchas instituciones; nadie le ha señalado que la base de la democracia es la relación armónica entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y que es un error vilipendiar y tratar de acabarlos o cooptarlos; todo esto hace que esté solo.

Y en relación a las organizaciones de la Sociedad Civil, ningún colaborador le ha dicho que las decisiones sin análisis previo causan estragos como ocurrió el combate al huachicol, las pipas compradas sin licitación y después con las estancias infantiles, y que la función de organismos autónomos como el Banco de México, el IFE, la CNDH, el Inegi, la Cofece, la IFT, el INEE, el Inai, es precisamente ser integrantes de la gobernanza del país, y contrapeso de las acciones que pueden ser lesivas; y que con sus declaraciones, ofensas, infundios y calumnias, traicionan a la democracia; nadie, nadie, le ha dicho nada al Presidente, que sigue estando solo.

Pero, además, en estos días hemos visto que miembros de las élites mercantiles y económicas, prominentes hombres de negocios que, en lo personal o con sus colegas, han expresado sus reservas respecto a proyectos como la reestructuración de Pemex, el peligro ecológico del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, y otras más, no dijeron una sola palabra cuando Alfonso Romo, orondo, presentó estos proyectos; su silencio se une al de los colaboradores del gabinete, con lo que una vez más se confirma que el Presidente está solo.

Pero lo más importante es que el señor Presidente está solo porque al parecer quiere estar solo, no escucha la voz de quienes fueron cesados violentamente, no escucha la voz de las madres que se quedaron sin estancias infantiles, no escucha la voz de quien con justicia reclama por los infundios y calumnias que ofenden su vida personal y profesional; y como no tiene tiempo, seguramente no puede leer las múltiples columnas políticas, los análisis de los expertos, las opiniones de presidentes y coordinadores de organizaciones civiles que señalan las ocurrencias, atropellos y errores de estos tres meses; el Presidente no oye y no lee, está solo.

Y el problema principal es que no sólo los ciudadanos que votaron por él, sino también todos los mexicanos queremos lo mismo: que se acabe la impunidad, que se combata la corrupción (por cierto, los legisladores han decidido que “corrupción “ sea un delito, lo que es absolutamente falso, delito es robar, matar, etcétera, pero “corrupción” es un concepto moral, pero no es delito); todos queremos que a México le vaya bien, y en estos tres meses estamos cansados de la confrontación cotidiana que promueve en sus conferencias.

No somos enemigos, todos los mexicanos queremos lo mejor para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, que todas las áreas de la administración funcionen, que la inseguridad desaparezca, que la ley se cumpla en todo y en todos, que no haya improvisación y ocurrencias en la gobernanza del país, que se escuchen las voces de los verdaderos expertos, no los expertos patito que ahora vemos; que la salud sea una realidad, que la educación forme ciudadanos de primera, que la economía repunte, que México sea un país próspero y feliz; deseamos que esto suceda, pero el señor Presidente está solo, porque él quiere, porque no lo ayudan sus colaboradores, por mil razones, pero está solo, muy solo.

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