No es por ser Día de las Madres ni porque el calor es muy fuerte y obnubila la conciencia, sino porque vemos cómo se deshace el país, por lo que llega un momento en que es difícil encontrar un tema que no haya sido abordado anteriormente.
Porque durante años, en especial cuando el infausto individuo que ya no está dirigió al país, una y otra vez denunciamos sus mentiras, sus despilfarros, sus decisiones absurdas, sus derroches en obras suntuarias e inútiles, pero sobre todo, su colusión con los cárteles, y sus reiteradas afirmaciones de que “los delincuentes son seres humanos”, “abrazos, no balazos”.
Pero, además, por años hemos exigido que haya rendición de cuentas de todo lo que se hace con el dinero de los mexicanos, sin que haya el menor indicio de que podremos tener la información suficiente. ¿Qué pasó con los dineros del NAIM, cancelado sin explicación?, ¿qué pasó con la cancelación del Seguro Popular, que dejó sin protección a millones de mexicanos?, ¿qué pasó con la vacuna Patria que fue una promesa incumplida?
Y ya llevamos varios meses de este sexenio, y no vemos claro porque, para empezar, de señora Presidenta, que tiene antecedentes que la califican por sus estudios y títulos académicos, ha mostrado día con día carencias en eso que se llama gobernar.
Cuando en los otros años escuchábamos la mañanera, teníamos que estar atentos porque podía aparecer un anuncio o un decreto que afectaba la vida nacional, pero en estos meses podemos ver la falta de entusiasmo de la señora Presidenta: camina lento, arrastrando los pies, saluda sin el menor asomo de energía, anuncia programas o proyectos sin entusiasmo, y cuando los reporteros la cuestionan, responde con evasivas, o increpa al reportero o simplemente niega la veracidad de lo que el reportero dice. Un análisis de su actitud corporal, sus gestos, sus respuestas, como el que hace la experta Bárbara Tijerina comprueba que tenemos en la Presidencia a una mujer débil, insegura, titubeante, y por ende, incapaz de gobernar.
Y frente a ese panorama triste, México sigue cuesta abajo: el crecimiento de este año será el más bajo, 0.3%, las grandes empresas como Pemex y CFE, tienen pérdidas multimillonarias, están quebradas y no hay visos de que puedan mejorar.
Y una de las preocupaciones más importantes, la salud, está en manos de improvisados, que crean un programa y lo deshacen, quieren unificar la atención médica y no saben cómo hacerlo, van a destruir el IMSS y el ISSSTE.
Y a todo esto añadimos la inseguridad; nunca como antes los mexicanos tenemos miedo de salir a la calle, porque nos pueden asaltar, extorsionar, secuestrar, matar o desaparecer, sin que nadie haga nada. Las cifras de robos, asaltos y secuestros, muertes y desapariciones son las más altas, y no pasa nada.
Pero el peor problema está en la evidencia de la corrupción en todos los órdenes, y a pesar de con las reiteradas denuncias internacionales de corrupción y connivencia del gobernador de Sinaloa y otros funcionarios con los cárteles, seguimos esperando que haya una respuesta del gobierno, y la señora Presidenta niega, oculta, agrede y calla.
Y como añadidura, la presencia de Trump en nuestras vidas, amenazando con invadir al país para atrapar a los delincuentes, a lo que la señora Presidenta sólo responde que somos un Estado soberano, como si la palabra soberanía tuviera la capacidad de bloquear una posible invasión de agentes extranjeros.
Tristemente, la señora Presidenta no sabe de qué habla, soberanía es el resultado de que en el país haya paz, justicia y orden, y debe recordar a San Agustin: “En ausencia de la justicia, la soberanía es un robo organizado”; mientras ella y su equipo sean incapaces de enfrentar al narco, encerrar a los delincuentes, proteger a los ciudadanos, todo lo que diga y argumente será inútil y dañará cada día más al país.
Y reitero mi pregunta: ¿dónde estamos? Estamos en uno de los momentos más aciagos de la vida nacional: quien está en el poder no sabe qué hacer, y quienes están en la llamada oposición están paralizados, incapaces de organizar un verdadero frente para salvar a México.
Así estamos; ¿usted qué opina, estimado lector?
