Cien días
¿De qué se ríe la señora?, ¿cree que con una sonrisa borra todos los errores, todas las equivocaciones, todos los fracasos heredados y propios? Los grandes estadistas sonríen cuando entregan buenas cuentas, cuando luchan por el progreso.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
La señora Claudia Sheinbaum Pardo cumple cien días en la Presidencia de México, lo que en sí es un hito en la historia del país. Ha viajado a todos los estados, ha recibido a funcionarios, empresarios, hasta boxeadores, ha hecho declaraciones de banqueta dentro de su automóvil; sus seguidores y el grupo encargado de promover su imagen la han retratado miles de veces, sonriendo siempre. Su presencia en las mañaneras ha sido objeto de elogios y críticas, porque a veces responde a lo que le pregunta el reportero y en otras, simplemente calla y esboza una sonrisa.
Este sexenio empieza con el análisis por demás contundente de los problemas económicos que enfrenta México, tanto por los fraudes y corrupción del sexenio pasado, como por la falta de claridad de lo que pretende lograr en estos años; los expertos señalan una y otra vez los graves peligros de nuestra economía, pero Claudia Sheinbaum sigue sonriendo.
Las pérdidas de Pemex, otrora orgullo nacional, son inimaginables: es la empresa más endeudada del mundo y se niega a pagar a sus miles de acreedores; el agricultor culpable de ese caos es ahora responsable de la destrucción del Infonavit, lo mismo sucede con CFE, lo que parece no ser importante, porque la señora Presidenta sigue sonriendo.
Si la salud tuvo su mayor catástrofe en los últimos seis años, ha continuado igual o peor, porque no hay una definición clara de qué va a hacer, cómo y con qué se va a integrar; los choques internos simplemente predicen un fracaso más, más enfermedades, más epidemias, más carencias, más dolor y muerte, y Claudia sonríe.
Las agencias investigadoras de Estados Unidos señalan a este gobierno y a los narcos de fabricar y exportar fentanilo, y la única respuesta es la negación. Las filmaciones de los lugares en que se fabrican son ignoradas mientras en el Salón Tesorería sólo hay sonrisas.
Hay cada día mayor certeza de la corrupción de Morena a todos los niveles, diputados, senadores, presidentes municipales y gobernadores están relacionados con el crimen, lo solapan cuando no lo fomentan. La propia Presidenta contrata a un exgobernador que defraudó cientos de millones de pesos y no pasa nada; ella, simplemente, sonríe.
Y ahora, los diferendos con Estados Unidos llegan a un nivel peligroso, porque el presidente electo Trump amenaza con invadir al país para apresar a los narcos, a lo que ella responde entre sonrisas: “Tenemos el himno nacional” (aunque usted no lo crea).
Con un desparpajo que ya comienza a ser característico, la Presidenta afirmó esbozando una sonrisa: “Somos el país más democrático del mundo”, y acto seguido envió a un representante de la Presidencia a la toma de protesta de Nicolás Maduro, ejemplo de corrupción. Y yo pregunto: ¿de qué se ríe la señora?, ¿cree que con una sonrisa borra todos los errores, todas las equivocaciones, todos los fracasos heredados y propios? Los grandes estadistas sonríen cuando entregan buenas cuentas, cuando luchan por el progreso y la superación de sus ciudadanos.
Porque no será con sonrisas ni con el abuso de la palabra Bienestar (Secretaría del Bienestar, Agua Bienestar, Banco Bienestar, Gasolina Bienestar, Escuela Bienestar, Becas Bienestar, Pensión Bienestar, etcétera). Los creadores de este concepto ignoran que el bienestar es el resultado y no la causa o fundamento de un programa, pero eso no importa, la señora Presidenta sonríe.
Más programas eficientes y menos promesas, más proyectos viables y no quimeras, más contacto con quienes saben de economía, finanzas, medio ambiente, salud, relaciones internacionales y menos sonrisas huecas.