Abuelitos cuidanietos

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: quienes hemos disfrutado el placer de tener hijos, y años después hemos visto con alegría la llegada de los nietos, somos felices; cada día hemos disfrutado sus sonrisas, sus primeras palabras, su entrada a la escuela y mil cosas más.

El tiempo pasa, y con los años los hijos tienen su casa y los abuelos nos quedamos solos; estamos solos nuevamente, después de años de trabajo y sacrificios para que los hijos sean hombres y mujeres de bien; la soledad nos permite reencontrarnos, revivir juntos los momentos insólitos, las experiencias únicas, los viajes, las comidas, qué sé yo. Admiro a los viejos que solos siguen felices, y pienso en aquellos que, al quedarse solos, no son capaces de continuar la conversación y viven en silencio, si no es que enojados o violentos.

Un grupo de abuelitos, cada día más grande, tiene la tarea de atender, cuidar y vigilar a los nietos que se quedan abandonados porque los papás tienen que trabajar, y entonces llega la segunda etapa, muchas veces impensada y en ocasiones rechazada, de cuidar a los nietos.

Tarea que puede ser fácil o terriblemente difícil, por varias razones; de entrada, los abuelos y no tienen 20 años, el tiempo ha cobrado su cuota y hay abuelitos gordos, con la presión alta, con la movilidad disminuida, y muchas veces les será casi imposible seguirles el paso a los nietos que se quieren comer el mundo: salen, entran, brincan y cantan, etcétera; en estas circunstancias, lo primero que debes hacer es reconocer que la vida es así y que hay que enfrentar la realidad.

Es necesario que platiques con los papás, para que todos estén de acuerdo en lo que harán los nietos al estar en casa; y, de acuerdo con las costumbres de cada familia, lo que podrán hacer y las circunstancias en que requerirán apoyo.

Con los nietos será preciso establecer horarios para despertarse, para desayunar, para jugar, para hacer la tarea, para ver la televisión o los videojuegos y, sobre todo, para no vivir día y noche atados al teléfono celular.

La vida con los nietos puede y debe ser una gran experiencia, la alegría de los pequeños inundará la casa; los abuelos recordarán viejas experiencias de cuando ellos eran niños, y eso es motivo de satisfacción.

Mi querido viejo: ser abuelito cuidanietos es un privilegio, que te permitirá disfrutar experiencias que llenarán de alegría tu corazón, y si eso lo haces en compañía de tu amada, juntos vivirán momentos inolvidables.

Por supuesto que ni tú ni tu compañera son de hierro, y es posible que las actividades de los hijos al correr, saltar, salir y entrar los canse. Es conveniente aprender a hacer un alto, a descansar y no llegar al agotamiento siguiendo el ritmo de los nietos.

Lamentablemente, hay viejos queridos que no aceptan esta situación, no son cuidanietos, y eso es malo para ellos y para los nietos.

Te deseo lo mejor, para que seas el mejor abuelito cuidanietos.

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