¿Democracia, pragmatismo o simple ambición?

La lucha por el poder desde que nuestro país logró su independencia hace más de 200 años ha sido reseñada por los historiadores como “la lucha por la democracia”, aunque basta revisar lo ocurrido hasta nuestros días para dudar mucho de ese concepto; desde 1823, 
el lema ha sido “quítate tú para ponerme yo” 
y las formas de lograrlo han sido desde el chantaje 
y la amenaza hasta el asesinato vil; revise usted, estimado lector, lo que ocurrió y lo que ha ocurrido hasta hoy; 
no es lucha de ideas, es una inclemente batalla por el poder.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Aferrado a una supuesta ideología, cada partido considera a los demás partidos y a sus militantes como enemigos acérrimos a los que tiene que aniquilar; no hay diálogo o debate, es la lucha sin cuartel porque “sólo mis chicharrones truenan”, y en la imaginaria popular —que no en la realidad— hay partidos de derecha, de centro y de izquierda que viven enfrentados unos a otros.

Y por otra parte, se supone que en la democracia los ciudadanos tenemos un papel importante, que nuestras propuestas y proyectos deben formar parte del plan del gobierno y que el trabajo conjunto con las autoridades es lo que permite que una nación logre progreso y bienestar; eso tampoco ha ocurrido en nuestra historia, porque los reclamos de la sociedad han sido ignorados por los dueños del poder, los movimientos sociales no han tenido el resultado deseado, sino en contadas ocasiones, y las manifestaciones, reclamos públicos, plantones, bloqueos, etcétera, sólo sirven para enriquecer a los líderes que manipulan a los manifestantes.

En los últimos años, esta indefensión de los ciudadanos ha cambiado poco a poco; se han creado grupos y asociaciones cuyo interés es incidir real y verdaderamente en la vida nacional, tanto en el ámbito legislativo como en las funciones de los órganos de gobierno para paliar de alguna manera el lastre que representan la impunidad y la corrupción que ha llegado a tener proporciones inimaginables.

La labor de estos grupos de ciudadanos es cada vez más importante, en diversas áreas del gobierno hay Consejos de Participación Ciudadana y, en relación con la impunidad y corrupción, grupos como Alto al Secuestro, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, México Evalúa, México SOS, México unido contra la Delincuencia, Imco, Mexicanos Primero, Coparmex, GIRE, Causa en Común, Transparencia Mexicana, y cientos de colectivos, como Colectivo por la Transparencia, Índice Social, Iniciativa Ciudadana y Desarrollo Social, Alianza Cívica, Democracia, Derechos Humanos y Seguridad A.C. y muchos más, intentan, con éxito creciente, incidir sobre las acciones y decisiones del gobierno; lo que sí es un paso hacia la verdadera democracia.

Y ahora, de cara a las elecciones, surgen situaciones inéditas: el PRI se une al Partido Verde y ahora al Panal y nombra como su candidato a un individuo sin militancia; el PAN, el PRD y Movimiento Social conforman el llamado Por México al Frente y acuerdan quién será candidato a Presidente, quién irá por la Ciudad de México y quién estará en la Legislatura; al mismo tiempo, un posible candidato, Miguel Ángel Mancera, acepta lo anterior y ofrece apoyo a ese Frente; a su vez, Morena y el PT deciden incorporar al ultraderechista Partido Encuentro Social; además, surgen los candidatos independientes que sueñan que podrán lograr algo.

¿Y cuál es la respuesta de los comentaristas y analistas?, se sorprenden porque el PRI no escogió a un sobresaliente miembro de sus filas, sino a un “ajeno”, que desconoce lo que esconden los sótanos del PRI; se rasgan las vestiduras considerando que Por México al Frente es una alianza “contra natura”, ya que no pueden convivir los “derechistas” del PAN con los “izquierdistas” del PRD, y que se van a aniquilar mutuamente; señalan, asimismo, que Miguel Ángel Mancera “perdió” al aceptar quedar fuera de la contienda presidencial, además, critican y ridiculizan los esfuerzos de los precandidatos independientes.

Yo pienso en forma diferente; así como las acciones de las organizaciones civiles pueden lograr que México se libre de las lacras que lo afectan, la interacción y colaboración entre partidos aparentemente opuestos puede hacer que, con acuerdos internos y coordinación, logren su objetivo de llegar al poder; sabemos que esas alianzas ya han dado resultado en algunos estados y creo que llega el momento en que en la Presidencia pueda ocurrir lo mismo; y veo la actitud de Mancera, —al que tenemos mucho que reprochar como jefe de Gobierno de la CDMX—, como un paso sensato de coordinación e integración con los miembros de Por México al Frente.

Y en cuanto a la insólita y absurda propuesta de AMLO, que cada vez habla con mayor dificultad y, como ya han comentado otros analistas, parece tener problemas de integración cerebral, no hay nada que decir, está comprando su boleto para La Chingada.

¿Será que estamos aprendiendo a ser demócratas?, ¿será democracia, pragmatismo o pura ambición?

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