En el mar, la vida es más sabrosa

Tenemos casos de quienes hacen viajes para celebrar que están viejos y que están vivos.

PLAYA DEL CARMEN.

 Mi querido viejo, estoy aquí por dos razones: vinimos a celebrar un congreso más del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas, (CMCOEM) que me tocó fundar hace 25 años, pero no te niego que una razón más poderosa es estar a la orilla del mar, en especial nuestro mar que es único.

Y pienso en lo importante que es para todo ser humano poder viajar; ciertamente no es fácil en esta época de la historia de México, porque no sólo tenemos problemas de costos cada vez más altos de viajes y alojamiento, sino que se une ahora el temor, la incertidumbre, el miedo a que algo malo nos ocurra por la inseguridad que existe tanto en las carreteras como en los lugares turísticos; esto hace que pensemos dos veces antes de lanzarnos a las hermosas playas mexicanas, tanto del Golfo como del Pacífico o del Caribe.

Pero aquí estamos, y recibimos esa bendición que es un clima benévolo, luz, color, alegría, buena comida, buena bebida, música y demás; todo esto, querido viejo, lo podemos disfrutar si nos lo proponemos; en esta ocasión, los colegas de todo el país y del extranjero, muchos de ellos tan viejos como nosotros, disfrutamos la ocasión de compartir experiencias quirúrgicas y compartir buena comida, buena bebida y excelente charla.

En el grupo de los queridos viejos, tenemos casos de celebraciones de quienes hacen viajes anuales para festejar que están viejos, que están vivos y que están felices; el grupo de jubilados que cada año hace una celebración “Una canita al mar”, se prepara desde ahora, reúne a los jubilados y sus familias, organiza un excelente viaje y tiene todo preparado para que no haya sorpresas, que cada día sea un día de fiesta y que el corazón se alegre junto con los corazones de muchos queridos viejos.

¿Tiene esto una relación con la salud?, por supuesto que sí, porque, como hemos dicho, la longevidad está relacionada con el bienestar interior y éste con la forma en que vivimos cada día.

Las personas que siempre han sido hurañas, agresivas, que se enojan por todo y con todos, que encuentran los defectos en todo antes de encontrar las cualidades, no son felices, sufren hasta de lo que no les atañe, critican a los demás por lo que hacen o dejan de hacer, enfrentan aún a los transeúntes si les caen mal, y van envejeciendo tristes y huraños; esos viejos o esas viejecitas, porque las mujeres también pueden ser así, comienzan a tener achaques antes que sus compañeros o compañeras de la misma edad, porque hoy sabemos que el ser irritable todo el tiempo, genera adrenalina en grandes cantidades, y que esa adrenalina afecta toda la circulación de la sangre, aumenta la presión arterial, endurece las arterias y puede ocasionar desde dolores de cabeza, dolores musculares y rigidez, hasta algo más grave como un infarto del miocardio.

Las personas que son así sufren frecuentemente del aparato digestivo, tienen diarreas o gran estreñimiento, sufren gases y acidez estomacal, y por eso dejan de comer sanamente y se debilitan, ¿todo esto por tener mal carácter, ser huraños y enojones?, sí, querido viejo, y esto no lo debes olvidar; y aunque no sufran enfermedades, las puedes diagnosticar con sólo ver sus caras: agrias, enjutas, rígidas, con los labios hacia abajo y la mirada triste, como decía mi tía: tener “malas vibras” enferma.

Porque por el otro lado están los queridos viejos y las viejecitas queridas que viven alegres y optimistas todos los días de su vida; a ellos los distinguirás porque las arrugas de su cara son reflejo de su sonrisa, de su bondad, de su amabilidad; y como ellos se alimentan bien, hacen ejercicio sabroso, duermen bien y no se preocupan por tonterías, viven alegres y viven más.

Pero volvamos a la playa, ¿has pensado hacer un viaje a la playa?, ahora, a pesar de los precios, se pueden conseguir viajes en grupo a precios accesibles, que vayan a lugares como Acapulco, Veracruz, etcétera, y que nos permiten llegar al mar, llenarnos los pulmones de ese aire puro, contemplar las olas y tal vez zambullirnos un rato sintiendo que el agua nos acaricia; si esto que te escribo te incita a emprender un viaje a la playa, me dará mucho gusto.

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