La ejecución del operativo en Tapalpa, Jalisco, el domingo 22, debe reconocerse como una acción de precisión quirúrgica por parte de las fuerzas federales.
El abatimiento de El Mencho representa un golpe simbólico de dimensiones históricas para el Estado mexicano y un punto de inflexión en la narrativa de seguridad nacional, que por fin ha dejado atrás la fallida política de seguridad del sexenio pasado.
Sin embargo, cualquier euforia debe ser matizada por una realidad técnica y operativa innegable: la misión no está completa ni mucho menos garantizada. Si la estrategia se detiene en la eliminación física del líder, el éxito táctico de hoy será la tragedia estratégica de mañana. Para que esta victoria sea real y no sólo un hito mediático, es imperativo poner en marcha una estrategia integral que desarticule al grupo delictivo en sus cuatro pilares fundamentales; de lo contrario, el vacío de poder será llenado por una violencia aún más anárquica.
¿Cuáles son éstos? Primero, es urgente la detención de los hombres que ya se ostentan como potenciales sucesores; descabezar sin desmantelar la línea de mando inmediata sólo acelera una transición violenta y desordenada.
Segundo, el Estado debe asegurar el armamento que aún posee la organización, un arsenal que se presume cuantioso y que representa una amenaza latente para los cuerpos de seguridad y la población civil.
Tercero, es vital desarticular el aparato financiero del cártel, ubicando propiedades y medios utilizados para lavar dinero, pues una estructura criminal con flujo de efectivo es una estructura con capacidad de rearmarse.
Finalmente, la operación será estéril si no se detiene y procesa a los servidores públicos que se corrompieron para permitir las actividades del grupo criminal.
No puede existir un cártel de esta magnitud sin una estructura operativa sólida, un arsenal de guerra, mecanismos aceitados para mover y ocultar ganancias ilícitas y, sobre todo, la complicidad activa desde las instituciones.
Es comprensible que estas acciones de seguimiento no se realicen de un plumazo, pero ya han transcurrido tres días desde el exitoso operativo en Tapalpa y aún no se ha visto un despliegue masivo destinado a completar la operación.
Este preocupante vacío de acción contrasta drásticamente con los estándares de operativos internacionales contra el crimen organizado. Un ejemplo es la operación RapTor, anunciada en mayo de 2025, en la que fueron detenidas 270 personas y se incautaron 200 millones de dólares en efectivo, 144 kilos de fentanilo y 180 armas de fuego, como resultado de investigaciones de cuatro continentes.
En la mitología griega, la Hidra de Lerna no moría simplemente al cortarle una cabeza, pues de la herida brotaban otras nuevas con renovada furia. Se requería un golpe más contundente, una acción que cauterizara la raíz del mal para evitar su regeneración. En el contexto del narcotráfico mexicano, si no se ataca el cuerpo social, económico y político de la organización de manera inmediata, la caída de Nemesio Oseguera sólo se transformará en una sangrienta guerra interna por el liderazgo o en una atomización de células delictivas que multiplicarán los focos de conflicto.
Sin un despliegue que abarque lo financiero y lo político, el 22 de febrero corre el riesgo de ser recordado no como el fin de una era, sino como el violento prólogo de una etapa de caos aún más difícil de contener para el Estado mexicano.
BUSCAPIÉS
*Al cierre de esta edición no quedaba enteramente claro si habría consenso entre los partidos del oficialismo para sacar adelante la reforma electoral. Sin embargo, la incógnita mayor es para qué se le impulsa. ¿Acaso ayudará al país a salir de su anemia económica o a acabar con la violencia criminal?
