Iguala y la verdad

¿Llegaremos algún día a una verdad, aceptada por la mayoría, de lo que sucedió en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014? Me refiero a ir más allá de lo que todos sabemos y no está a discusión: que los estudiantes normalistas se encontraban en Iguala, a bordo ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

¿Llegaremos algún día a una verdad, aceptada por la mayoría, de lo que sucedió en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014?

Me refiero a ir más allá de lo que todos sabemos y no está a discusión: que los estudiantes normalistas se encontraban en Iguala, a bordo de autobuses de los que previamente se habían apoderado, y que fueron atacados por policías municipales.

Tres murieron –además de otras tres personas que nada tenían que ver en el conflicto–, y el resto fue detenido por quienes los atacaron.

Hasta ahí, no parece haber dudas respecto de lo sucedido. Pero, después, el relato se complica.

La versión oficial de los hechos, la que contiene el expediente elaborado por la PGR, dice que fueron entregados por los policías municipales a integrantes de la banda criminal Guerreros Unidos, quienes los mataron en el basurero de Cocula y los incineraron allí mismo, para luego tirar sus restos a un río.

Dicha versión ha sido confirmada por expertos internacionales, salvo en un punto, nada menor: que no existen evidencias de que 43 cuerpos fueron quemados ahí.

La duda proviene de un experto contratado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que llegó meses después al lugar y no encontró evidencias de una hoguera como la que tendría que haberse producido para incinerar 43 cuerpos.

Sin embargo, el experto –quien señaló equivocadamente en su peritaje la dirección del viento esa noche– no negó que quizá algunos de los cuerpos pudieron haber sido quemados allí.

La PGR, a través de su responsable de Servicios Periciales, sostiene que los restos humanos encontrados en el marco de la investigación sobre los hechos de Iguala, provienen, en su mayoría, del basurero de Cocula y, una parte menor, de la ribera del río San Juan, distante de ahí a 2.5 kilómetros.

Una parte ínfima de los cerca de 61 mil fragmentos hallados fue enviada para su análisis a Austria, de los cuales sólo dos dieron positivo.

La misma funcionaria afirma que el hallazgo de los hechos está documentado en video (yo no he podido verlo, a pesar de que lo he solicitado).

Es evidente que la versión no ha logrado convencer a una parte de la sociedad mexicana. Muchos siguen creyendo que los normalistas fueron víctimas de un crimen de Estado, en el que habrían participado soldados y/o policías federales.

Una parte de esas versiones, incluso, abreva de la investigación oficial, que la PGR ha hecho pública, para señalar responsabilidades del Ejército. Sin embargo, hasta ahora, ninguna instancia, fuera de la procuraduría, ha podido concluir qué pasó con los estudiantes después de que fueron secuestrados en Iguala.

Hay una buena cantidad de suposiciones, que van desde que los normalistas están vivos en alguna cárcel clandestina o que fueron asesinados e incinerados en algún horno crematorio.

En unos días se realizará el llamado tercer peritaje sobre el basurero de Cocula. Hasta ahora la ciencia no ha tenido mucho éxito en despejar el misterio sobre el paradero de la gran mayoría de los normalistas (siguen desaparecidos 41 de ellos, si hemos de creer en la identificación de los restos de dos, mediante exámenes de ADN).

Ojalá que ese nuevo peritaje, que realizará un grupo de cinco expertos, pueda llegar a conclusiones sobre si el basurero fue o no fue el lugar donde se asesinó a los normalistas y donde fueron incinerados sus cuerpos.

No tengo mucha fe al respecto. Considere usted que la escena del crimen, si es que es tal, ha sido alterada decenas de veces en más de un año.

Ya ha habido trabajos periciales allí. Se afirma que, desde entonces, se ha seguido depositando basura en el lugar. Han ocurrido procesos biológicos, pues ha llovido y la maleza no ha dejado de crecer.

Si el nuevo grupo de peritos resuelve que es imposible concluir algo, la verdad se quedará en el limbo y cada quien seguirá creyendo lo que quiera, lo que no deberá impedir que la PGR continúe su trabajo para procesar a quienes cree responsables.

No será caso único, pues uno de los crímenes más conspicuos de la historia, el asesinato de John F. Kennedy, se encuentra en ese mismo limbo desde hace casi 52 años.

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