Entre las sombras V. La mente limitada

¿Por qué tanto miedo a todo y por qué tanta resistencia a lo inevitable?

Justifica tus limitaciones y te quedarás con ellas

               Richard Bach

Las personas suelen sorprenderse cuando hablo de términos como la involución o el aprendizaje inverso, lo cierto es que son dos términos íntimamente ligados bajo los que una persona decide expandirse o limitarse a sí misma. La involución surge de la incapacidad de asumir un aprendizaje inverso sobre la vida personal. El aprendizaje inverso es la capacidad de inhibir acciones previamente aprendidas cuando ya no son gratificantes y, peor aún, cuando nos generan un daño, como es la involución… hacernos cada vez más pequeños e insignificantes en nuestra propia existencia.

Involuciona aquel que se niega a sí mismo la posibilidad de acceder a todo su potencial; ése, el que se arraiga a lo conocido y lo asume como una verdad única e inamovible; ése que constriñe su mundo al tamaño de su entendimiento, sus criterios, sus creencias y sus experiencias; ése que pretende controlarlo todo —claramente, sin éxito— y se defiende con bravura ante la insurrección de quien se sabe ingobernable. Pues bien… aunque usted no lo crea, mi querido lector, el mundo está plagado de esos personajes intolerantes e involucionados que se niegan a desaprender, que se niegan a practicar un aprendizaje inverso que bien pudiera salvarles de su propia penumbra. 

La mente limitada es el corolario de todas las sombras que aquí hemos tratado, que no son más que hábitos a los que uno se ancla en su vida y que terminan por impedir su propia y sana evolución y crecimiento. Los condicionamientos predeterminados, el evitar enfrentar la dificultad, el no querer asumir el error o bien, el miedo al fracaso; la falta de autoeficacia o autoconfianza y, por supuesto, la mente limitada en su conjunto que, además de lo anterior, implica una fuerte resistencia al cambio.

Y, digo yo… ¿por qué tanto miedo a todo y por qué tanta resistencia a lo inevitable, al cambio...? ¿Por qué dejar nuestra vida arrinconada en los anaqueles del pasado? ¿Por qué someterse y asumir aquello que no somos, no queremos o no necesitamos ser…? ¿Por qué seguir siendo los mismos cuando las experiencias y las circunstancias propias de la vida nos muestran otras posibilidades? ¡¿Por qué aferrarnos a lo que no nos hace bien o ya no nos funciona...?! La respuesta es sencilla, no es lo que no sabemos lo que nos conflictúa, sino lo que se cree saber con certeza y no es así. Y se cree con certeza incuestionable lo que se teme con vehemencia averiguar.

Porque se teme con vehemencia, mi querido lector, a dejar de ser quien se era y como se pensaba y se sentía ser aquél, porque han educado su mente no como un aliado, sino como su peor enemigo. Y entonces se envalentonan en su propio retroceso justificando autodeterminación y no lo que realmente es: una absoluta condena. Y si ponen límites al tiempo que se van limitando por eso viven en estado de autodefensa, indómitos frente a la realidad y sumidos en su mundo, en su pequeñísimo mundo, atrincherados.

Craso error, porque los límites, mi querido lector, no son barreras que se imponen a uno mismo o a los demás. Los límites son coordenadas que uno se traza a sí mismo para acotar las rutas que mejor le lleven al destino máximo que haya elegido. Los límites son los hábitos que uno se impone para estar a la altura de todo aquello que sus deseos le exigen, son las pautas, la disciplina, la ilusión milimétrica, los objetivos, las metas, los estándares de calidad, los retos personales… Los límites son esas acotaciones que uno se marca para no desvirtuar todas sus posibilidades, que siempre son muchas y posibles si uno comprende que puede ser más de lo que fue. Las sombras que nos impiden ser conscientes y nos obligan a seguir manteniendo esos hábitos limitantes son resultado de los modelos mentales que convertimos en profecías autocumplidas por no atrevernos a cuestionarlas seriamente, permitiendo, así, que esos modelos nos digan qué podemos o no podemos hacer y ser.

Créame, el cambio es inevitable y, a la vez, un espacio virgen que necesita únicamente de una idea de sí mismo y de su vida que le desborde, le apasione y le motive… Lo demás es sólo cuestión de elegirse y elegir día a día una consciente reinvención. Como siempre, usted elige.

¡Felices sombras, felices vidas!

Temas: