La realidad 3: aceptar y aceptarse

Elija de la realidad una visión que le permita la aceptación y el poder de cambio y, sobre todo, recuerde que su realidad la construye todos los días

No estoy aceptando las cosas

                que no puedo cambiar, estoy cambiando

                las cosas que no puedo aceptar.

                Angela Davis.

Abrazar la realidad y vivir en ella requiere de una alta dosis de aceptación. Aceptación de uno mismo, de su vida, su historia, de quién ha sido, de quién es y de quién quiere ser. Requiere también de una alta dosis de aceptación de las realidades ajenas, de las circunstancias y de las diferentes realidades que convergen en la realidad de cada uno, porque nadie puede hablar de aceptación si sólo se acepta a sí mismo o si sólo acepta lo que está fuera de sí. Y sucede a menudo que la realidad se asume con resignación, molestia, privación o, incluso, con sacrificio; cuando por lógica y congruencia no debería aceptarse, porque de eso no se trata la aceptación, se trata de recibir, de permitir la entrada al conocimiento, a la verdad fidedigna, palpable y experiencial de quién es uno mismo, de quiénes son los demás y de qué es y qué está en nuestra realidad. En el entendido que cada uno es responsable de su verdad, de lo que muestra de sí mismo, de cómo piensa, siente, razona, elige y decide actuar, y además de cómo maneja las circunstancias objetivamente.

La aceptación radica entonces en aprobar, acceder y permitirnos vivir como queremos; en cambiar lo que deseemos de eso que vivimos. La aceptación nos permite comprender que podemos elegir, transformar y decidir qué es lo que mejor conviene a nuestra vida, que somos responsables de lo que vivimos y, sobre todo, de cómo elegimos vivirlo.

La aceptación es el conocimiento, el análisis, la reflexión y la acción que transforma, es entender que podemos y tenemos la habilidad de cambiar esa realidad que fue, la que es y será. Por eso la aceptación es tan importante para vivir en la realidad y abrazarla, porque sólo se acepta lo que se puede comprender, lo demás sólo se asume resignadamente y vivir así también se elige. Por eso hoy le invito a aceptar sin juicios lo que tiene delante, a analizarlo, comprenderlo y decidir sobre ello para que pueda elegir su mejor destino. Usted siempre será la persona que desee ser, la que acepte ser y vivirá la realidad que acepte vivir; usted elegirá también, si desea aceptar la realidad y su poder de cambio o si desea asumir esa realidad que le ha sido presentada, la que usted ha construido o la que le han hecho creer que es. Porque la realidad se la impone uno mismo en lo que acepta o asume de esa realidad, lo que se acepta admite un cambio, lo que se asume no, porque no se duda ni se cuestiona… porque no se comprende.

Por eso mejor elija de la realidad una visión de ésta que le permita la aceptación y el poder de cambio y, sobre todo, recuerde que su realidad la construye todos los días, y que los demás también eligen hacerlo o no, y usted no es responsable sobre esas otras realidades ni sobre aquellas que presenten las circunstancias… pero siempre puede aceptar o no esa realidad y modificarla. Y sí, usted siempre podrá cambiar aquello que no esté dispuesto a aceptar. Su mejor herramienta es aceptar que no debe asumir lo que tenga delante, sino aceptar lo que pueda cambiar, créame, no está obligado… usted siempre es libre de elegir cómo tratar esa realidad y qué de ella decide asumir, aceptar o modificar. Como siempre usted elige.

¡Felices aceptaciones, felices cambios!

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