Compasión vs. lástima
La lástima no empodera para superar ningúnmal en la vida, ni propio ni ajeno, la lástimaes un sentimiento de tristeza.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Cuando no encontré motivo
alguno para compadecerme,
lo hice por respeto a mí mismo.
Séneca
De acuerdo con la RAE, compasión significa, sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. La misma fuente define lástima como enternecimiento y compasión excitados por los males de alguien, también como quejido o lamento o expresión lastimera y como cosa que causa disgusto, aunque sea ligero y para expresar pesar ante algo que no sucede como se esperaba.
En lenguaje cotidiano, para la mayoría, los sentimientos de compasión y lástima significan lo mismo. Lo cierto es que vale la pena diferenciarlos. La confusión se produce porque ambas emociones se asocian a la idea de ser empáticos con las emociones y sufrimientos ajenos, es decir, sentir y padecer con el otro.
La diferencia radica, en primer lugar, en que tanto la compasión como la lástima pueden sentirse por y hacia uno mismo. La autocompasión nos activa y remueve frente a las emociones que sentimos. Por el contrario, la lástima nos sumerge en la pasividad.
La lástima no empodera para superar ningún mal en la vida, ni propio ni ajeno, la lástima es un sentimiento de tristeza, pesadumbre y que causa molestia, incomodidad y disgusto. La lástima sólo mueve al lamento, al quejido, a la incomprensión al ¡por qué a mí! La lástima nos coloca en el limbo del sufrimiento propio o ajeno. La lástima nos provoca miedo de que nos suceda lo que vemos padecer en los demás o bien en el miedo que nos produce lo que sentimos en nosotros mismos. La lástima se relaciona con el miedo de no saber manejar lo que otros viven o lo que uno mismo vive. La lástima se queda en esa pregunta sin respuesta, en esa insatisfacción, en esa frustración permanente o intermitente, en un “por qué” casi siempre sin respuesta lógica.
Por el contrario, la compasión se relaciona con el amor, no con el miedo. A la compasión la mueve el amor y la pasión, por la necesidad de ayudar y de ayudarse a uno mismo, de ahí que se llame com-pasión. La compasión destruye las armaduras, nos permite presentarnos con humildad y honestidad ante los demás y ante nosotros mismos.
La clave más importante de la compasión es que, ante el sufrimiento, el mejor tratamiento es el amor, no importa el quebranto personal o el quebranto que alguien a nuestro lado padezca, se trata de estar desde ese lugar desde el amor, la comprensión, la sinceridad y la empatía, con un objetivo, con una meta: superar esas circunstancias para que adquieran sentido, identidad, motivo, lección, y aprendizaje. Nos permitirá seguir adelante y lograr cierto equilibrio.
Será necesario entender la percepción de lo vivido o bien apoyar a quien sufre en ese punto de su vida. La compasión no se pregunta el ¡por qué a mí, sino el ¡para qué!
Por eso hoy lo invito a redireccionar el sufrimiento propio o ajeno, hacia la compasión y no hacia la lástima. La compasión nos permite cambiar el rumbo de nuestra vida y, si es posible, de la vida de los demás. La lástima solamente nos hunde, nos empaña, no ofrece respuestas… nos paraliza. Piénselo y reflexione, no es lo mismo decir por qué a mí… que, para qué a mí. Un para qué tiene muchas más razones que un por qué, es decir… nos ayuda a resolver las circunstancias y a nosotros unidos en esa circunstancia de vida, un por qué a mí no resuelve nada porque hay y siempre habrá muchos porqués. Recuerde que no todo sucede porque usted sea el culpable o responsable de ello. Usted sólo puede resolver las circunstancias que se le presenten, sean las razones que sean, debe hacerlo, y esa acción le premiará con aprendizaje y crecimiento.
Créame, el sufrimiento o las situaciones difíciles son inevitables, hay que aprender de esas experiencias, de esas emociones, y seguir adelante. Podemos sentir pena por lo que nos ha tocado vivir o por lo que otros vivan y también por lo que alguien nos haya hecho, pero eso ya es pasado y en el pasado ya no tenemos nada que resolver. El presente y el futuro es lo que sigue, lo que verdaderamente importa. Como siempre, usted elige.
¡Felices compasiones, felices vidas!